27 oct. 2008

ÓSCAR ESTÉVEZ (POKEMÓN)


El sábado amanecí con una terrible noticia, un amigo fotógrafo había fallecido. Óscar Estévez era una persona jovial, alegre, reflexiva, tenía un espíritu sincero.

Lo conocí hace dos años, nos vimos pocas veces, pero en cada ocasión aprovechamos para dialogar del mundo, del amor, del futuro y el pasado. Su más reciente reflexión corría en torno al nombre, a los referentes culturales detrás del nombre de quienes destacan en una disciplina. Solíamos decirle que ese valor del nombre era relativo, que la construcción de ese nombre requería de constancia, de suerte, de amigos, pero sobretodo de un sello personal en el trabajo.

Óscar, sin duda, tenía un sello particular. Sus fotos me encantan por su fuerza, su juego constante entre lo real y lo imaginario, su búsqueda por lo íntimo, lo imperceptible, por una realidad plagada de misterios y constrastes. Alguna vez le dije que sus fotos me parecían haikus visuales, poemas exactos. Narraciones breves que invitaban a mirar de otra manera.

Era visitante asidua a su blog. Cuando nos veíamos comentábamos sobre ello. Decía que no le gustaba responder los comentarios, porque prefería que la imagen hablara, pero que agradecía el que otros le escribieran sobre lo que percibían o sentían con su trabajo.

Al Poke, que hoy es una realidad intangible, quiero decirle que su imagen continuará hablando. Su nombre ya representa una manera de mirar, la que buscó lo imperceptible en lo cotidiano, la sombra, el secreto, el recoveco que el resto dejamos pasar. Sólo un alma honesta como la de Óscar fue capaz de recolectar lo esencial, lo intrínseco de cada hecho, profesión, lugar o persona que fotografió.

Algunas de sus fotografías están en su blog: estevezphoto.blogspot.com

Te extrañamos Óscar.

Imagen: Emergiendo/ Óscar Estévez

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