5 may. 2009

PASO DE TORTUGA

Por Julia Cuéllar

Unos querían ir a la televisión, otros al Internet y los más viejos a la radio. Las princesas imaginaban que la televisión les permitiría elegir entre miles de príncipes, sin tener que esperar inconscientes por un beso. Cuasimodo encabezaba a quienes votaban por la radio. Las narraciones deben defenderse por su transmisión de ideas y experiencias, no por los efectos especiales, decía. Los superhéroes preferían Internet para atender inmediatamente los chats y correos de auxilio.

Los tres grupos discutían entre los escasos llamados de la imaginación infantil. Un día Blanca Nieves no respondió por estarse maquillando para la televisión. Margarita fue la niña decepcionada. Abrió su libro, leyó, pero no hubo personajes, había letras pero no evocaban nada. Tuvo miedo, pensó que se estaba volviendo estúpida. Fue por una lupa, leyó pausadamente y entre los trazos de la H encontró una puerta. Entró.

Robin Hood fue el primero en notar a la intrusa, Pinocho se acercó tímidamente y después de que Rapunzel cepilló doscientas veces su cabello, Maléfica se atrevió a preguntar: ¿Cómo llegaste aquí? –Por el libro- respondió Margarita. La estupefacción invadió a los personajes.

-El único humano que visita y es el eslabón perdido que todavía lee libros. Nunca podrá ayudarnos- dijo el enano gruñón.

El griterío regresó, Margarita aturdida bebió de una botella azul lo que parecía agua y terminó convertida en una tortuga.

-Niña, ¿qué hiciste?- exclamó Yocasta- ya no vas a salir de aquí, a nadie le importan las fábulas.

Margarita deambuló por un valle desolado, cada grupo se mudó a un lugar distinto. En su caminata encontró una caja grabada con la leyenda: Toda la vida es sueño. La abrió y de pronto todos los personajes, incluida ella, estuvieron dentro.

Un robot enfurecido le explicó a Margarita que había abierto la caja de los sueños, el origen de cada personaje, de la cual ya se habían mudado cuando inventaron la escritura porque nadie acudía al recuerdo para narrar, sino a un libro y ahora ninguno conocía la salida a la cabeza de los humanos. Nos has matado, concluyó el robot.

Margarita acongojada exploró la caja. En la O, descubrió el túnel que conectaba a la memoria de los humanos, decidió que sería la mensajera que depositaría en cada cabeza una dosis de fantasía. Sacó la sangre de cada personaje, creó un elixir con ayuda de las brujas y después de una emotiva despedida inició su viaje a paso de tortuga, que no sirve para llegar primero, pero sí para conquistar los sueños.

1 comentario:

Adair Martínez dijo...

Entonces por lenta, Margarita, no ha llegado a mí... el insomnio aún me llega... pero aún creo que torpemente tiró un poco de fantasía por el aire, tengo la capacidad de crear y viajar con la mente... lo único malo ahora.. es que la gente grande, aquella perdió la infancia la bautizó como...mmm.. Influenza H1N1 jejejjeje... gracias por recordarme que aún no leo Viaje al centro de la Tierra...u.u

Ya casi está la revista!!!!