9 jun. 2010

9 de mayo de 2010

El tiempo se detuvo el 9 de mayo de 2010 a las 16:34 horas. Desde entonces todos los días y todas las horas son los mismos. Un constante inicio, una confrontación con lo deseado, lo más amado, lo siempre soñado. Es la certeza del amor inagotable, irrevocable. Es un imperceptible transcurrir de soles y lunas. No hay descanso, no hay sueños, ni pesadillas, el cuerpo flota entre su llanto y la recuperación de energía. Sólo importa estar a su lado, atenderlo, cuidarlo, mimarlo, alimentarlo física y emocionalmente.

Las letras son secundarias, él es mi literatura. El trabajo, el dinero, la vida fuera de mi pecho y su boca es irrelevante. Su éxtasis después de comer, la mejor imagen que verán mis ojos. Sus sonrisas, caricias a mi alma. Su mirada que explora, el indicio de que todo está por ser aprendido. Sus manos sujetando mis pulgares, el cierre de un circuito de paz.

Un mes de mirarnos a los ojos, una eternidad de amor.

2 comentarios:

Dawn A.G. BlackRaven dijo...

Esa paz bendice tu universo, y tu inmenso amor lo acobija...
Muchas felicidades, de todo corazón, porque el leer palabras tan hermosas de alguien que escribe con esa pasión, que sólo ese milagro provoca, evoca al mismo tiempo: esperanza...

Muchas bendiciones, la luz los cuida.
Saludos y un gran abrazo

JULIA CUÉLLAR dijo...

Muchas gracias Albie. Un abrazo de esta familia para ti.