17 mar. 2011

MI CUNA POR FAVOR

Lloraba cada hora por la noche, ni de recién nacido había hecho eso. No era hambre, no era el pañal, no era frío. En el día estaba irritado porque no dormía bien y por supuesto yo estaba como zombie y de pésimo humor.

¿Qué pasaba? ¿Qué quería decirme? Simple: Mamá quiero mi cuna por favor.

Tardé tres noches en darme cuenta que quería su cuna. Tenía seis meses y medio, desde que nació dormía en un moisés en mi recámara. Dos noches le di de cenar más papilla de su ración acostumbrada pensando que podría ser hambre lo que lo despertaba. Para la tercera noche, a las tres de la mañana, en un intento por no despertar a su papá me fui con él a su cuarto y después de arrullarlo lo puse en su cuna. Dormí en la cama de su hermano. Cuando abrí los ojos eran las ocho de la mañana. Él dormía plácidamente en su cuna.

Otra vez me había dicho lo que quería pero no le entendí. Después de destetar, el cambio de cuarto fue la segunda separación de mi bebé. No lo había querido cambiar porque me angustiaba que en la noche llorara y no lo fuera a oír. Sí, existen los monitores, pero y si se va la luz, y si se acaba la pila, y si falla. Existimos mamás que nos preocupa todo y que sentimos seguridad estando cerca de nuestros hijos. El otro factor era que lo amamantaba y prefería estar cerca de él para darle de comer en la madrugada. Aunque ya tenía semanas sin amamantarlo no lo cambiaba de cuarto por el temor a no oírlo, por mi necesidad en parte inconsciente de tenerlo cerca. Finalmente, él nuevamente expuso muy claramanete sus deseos de un espacio mayor para dormir.

La cuarta noche durmió en su cuna y recuperé por completo mi noche. Empezó a dormir desde las 8:30 pm hasta las 8:00 am. La que tardó en dormir de corrido fui yo, porque una alarma interna me despertaba a intervalos de tres horas para ver si mi bebé estaba bien. Hasta ahora siempre ha estado bien, se mueve por toda la cuna y a veces lo encuentro dormido en posiciones de yoga, pero siempre es un angelito que me está enseñando a escuchar.

15 mar. 2011

Destetar

Un día mi seno dejó de interesarle. Era su hora de comer, lo tenía recostado en mi brazo, le iba a dar el pecho pero prefirió seguir con la mirada a su papá que entraba en la recámara. Se sentó, le dio la espalda al seno que lo había alimentado desde su nacimiento, el mundo era más atractivo, su independencia iniciaba.

Tenía seis meses, según leí y me dijeron, una edad ideal para dejar de amamantar. El bebé comienza a ser más autónomo y empieza a incorporarse, pasa de estar acostado a sentarse con mayor facilidad. Empieza a reconocer que es un ser separado de la madre, con movilidad y deseos propios.

Destetar es en ocasiones más difícil para la madre que para el hijo, porque aparte de los nuevos cambios hormonales y físicos, uno se enfrenta a las primeras manifestaciones de carácter e independencia del bebé.

Mi primera reacción ante su rechazo a comer fue, es sólo momentáneo, lo distrajeron, todavía necesita de mi leche. Y volví a ofrecerle pecho, en cada ocasión bebía menos, se distraía más y eso provocaba que a cada ratito tuviera hambre. Así me seguí dos meses más, llegamos a los 8 meses y entonces decidí ofrecer biberón.

Le ofrecí biberón avent, poque no produce cólicos, por sus estándares de calidad, por que simula el pecho materno. La publicidad no convence a los bebés, no la quisó. Ni pecho, ni biberón, fue una semana de papillas y por supuesto bajó de peso. Una tía me sugirió que cambiara de biberón o de leche, podría ser que no le gustara el sabor de esa leche en polvo o que le disgutara el biberón.

Probé y resultó ser que lo que no le gustaba era el biberón. El ganador absoluto fue Gerber con una mamila delgada que simula el pezón y se adapta a la pequeña boca del bebé. Quedé impactada. Esa línea de productos ni siquiera tiene mamilas por etapas y tipo de fluído, es sólo flujo medio, flujo abundante; 4 onzas u 8 onzas. No hay más.

Lo más importante de destetar fue que aprendí que tengo que escuchar a mi hijo, estar lista para sus cambios, porque estos sucederán en su propio tiempo, a veces antes, a veces después de lo que indican los manuales y libros. Su independencia, su carácter están presentes desde esa temprana etapa en que decide explorar el mundo por sí mismo.

Destetar me dolió porque una parte de mí sintió que ya no era indispensable para él, otra que una etapa bellísima había termindado demasiado pronto. También sentí alegría de que mi hijo tuviera tan claro lo que quería, que hubiera dejado el pecho por decisión.

Cuesta escuchar a los hijos, uno cree saber lo que más les conviene, por algo es el padre-madre y ha vivido más. Me tardé en escucharlo y eso provocó que bajara de peso, que cambiaran sus rutinas de alimento y sueño. Finalmente, gracias al consejo de una tía que lo quiere como si fuera su abuela y lo supo entender primero que yo, pudimos hacer la transición al biberón e iniciar la etapa de exploración.

A mi tía le pasó algo similar con su segunda bebé. Como a su primera hija le dio biberones evenflo, a su segunda le ofreció los mismos y si algo hemos aprendido de estas anécdotas es que tenemos gustos y personalidad desde que nacemos, así que no los quiso. Probó varios y los únicos que le gustaron fueron los avent.

La moraleja de estas historias es que cada bebé escogerá el tiempo de su destete y el biberón que mejor le parezca. En términos comerciales, el cliente siempre tiene la razón. Mi recomendación es que le den a probar a su bebé distintos biberones para ayudarlo a hacer la transición del pecho al biberón.

Parece caro comprar biberones para que prueben cuál les gusta, pero después es más caro tratar de imponer el biberón que deseamos porque puede no comer, bajar de peso, tener mal humor por el hambre y la incomodidad y alterarse sus estados de sueño por el mismo desorden alimenticio, lo que terminará afectando los ciclos de sueño y alimentación de los padres.

Creo que no se debe presionar a los bebés en esta transición, escucha a tu bebé y a ti misma, el día llegará, amamantar lo más posible fortalece los lazos emocionales y la salud del pequeño. Escuchar es el secreto y aunque lo sepamos no es fácil.