13 jun. 2010

Llorar

Llorar es tal vez la expresión comunicativa más antigua, más instintiva. Lloramos al nacer y es la única vez que una madre se alegra de oír a su bebé así. Horas después el llanto del hijo provoca angustia ¿Por qué llora? ¿Qué le duele? ¿Qué hice mal? ¿Sufrirá mucho? ¿Cómo lo ayudo?

Una madre primeriza (como yo) seguro correrá al teléfono a consultar al pediatra una vez que ha seguido el ritual de revisar pañal, ofrecer comida, arrullar, tomar temperatura, dar gotas para cólico, sacar el aire, desvestir para verificar que nada de la ropa lo moleste, buscar señales de deshidratación o molestia estomacal. El pediatra que lo ha visto todo, siempre, contestará parsimonioso: Hizo lo correcto, su bebé no tiene nada. Relájese, hay ocasiones en que así pasa y lo único que queda es acompañarlo hasta que se duerma. Si no duerme y a usted le hace sentir más tranquila, tráigalo al hospital aquí estaré.

Lejos de tranquilizarse, uno sufre porque acompañar al hijo no basta, porque la serenidad del doctor no calma, porque uno sólo quiere que su hijo esté bien, que deje de sufrir, porque el llanto para nosotros siempre es una manifestación de dolor. La impotencia invade y abruptamente uno comprende que nunca podrá tomar el lugar de su hijo en sus momentos dolorosos. Por más que se quiere entrar a ese cuerpo y ser uno quien padece, es imposible. A lo largo de toda la vida, el acompañamiento es la única opción.

Duele y uno quiere llorar, pero más llanto no ayuda, así que se abraza, se besa, se arrulla, se pide a Dios que esté bien y puedas confortarlo (y si no se cree, se comienza a esperar que exista una divinidad y que sea cierto lo que dicen muchos, que si se reza se realizan tus peticiones).

Duerme. Te sientes abatida porque siendo su madre no pudiste descifrar su llanto. Los días pasarán y la comunicación comenzará a fluir, cada decibel de diferencia en el llanto significará un mensaje distinto: sueño, hambre, incomodidad, cólico o necedad.
Quedará la duda ¿Estoy interpretando correctamente?

Llegará el momento en que después de varios libros concluirás que el llanto forja el carácter, que un poco cada día le enseña a expresar sus emociones y a tolerar la frustración, que es un tipo de arrullo. Que es natural y taparlo con un chupón es reprimir las emociones. El llanto tiene patrones y hay bebés (entre ellos mi hijo) que lloran todos los días a la misma hora. La hora cuchi cuchi, le digo yo, una hora de expresión de libertad, sesenta minutos en que parece que nada lo consuela, que un agudo dolor lo consume, una hora de acompañamiento.

Acompañar y llorar, parece elemental que cuando alguien sufre acompañarlo es una gran ayuda. Cuando se es madre no basta y se llora por dentro, porque acompañar se vuelve un verbo insuficiente, paliativo.

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