8 feb. 2013

Cóporo


“Conócete a ti mismo” parece una consigna adolescente, pero en medio de un problema que parece destruir tu vida (al menos como la conocías hasta ese punto), esas mismas palabras tienen un sentido de construcción y alivio inigualables. Si viste morir tu mundo (padres, hijos, parejas, trabajo de tus sueños, familia…) seguramente tú también moriste. ¿Qué sigue? ¿Quién soy después de esta pérdida?
Te miras al espejo sin reconocerte, llenas días de horas zombie y esperas que el tiempo lo cure todo. No es el tiempo, eres tú y tu decisión de vivir otra vez, de ser otro tú que no imaginaste. Ante las crisis, las regiones también cambian: de colonia a país independiente, de fabricar rebozos a zapatos, ¿de los zapatos a los autos o a la industria cultural y de servicios?
Da oportunidad a lo que está enterrado, si limpias con la paciencia de un arqueólogo puede que te maravilles con la fortaleza de los cimientos que emergen, con las historias que explican tu carácter, tu gusto por lo salado, tu afición por el cielo azul y los nopales.
Otros también vieron caer sus palacios y construyeron de nuevo o tuvieron que abandonar su ciudad (la vida como la conocían) porque las circunstancias los obligaron. Frente a un conjunto de fogones, leo cuidadosamente “El uso de los espacios entre una casa prehispánica y una rural actual no son muy diferentes” estoy en la zona arqueológica El Cóporo pensando que tal vez en algunos aspectos la vida prehispánica y la actual tampoco son muy diferentes.
Recorro el Conjunto Gotas con mis hijos ¿Qué hacían las mamás para distraer a sus pequeños? ¿Qué juguetes existían? El sol, la arena y aventar pequeñas piedras de un cerro a otro, parece seguir divirtiendo a los pequeños. Desde la cima contemplo el subir de mi sombra casi exhausta, veo cómo se ríe con los niños, se toma fotos, descansa en una piedra, bajo un árbol y admiran un cielo azul inmaculado mientras bebe agua. Quienes vieron ese mismo cielo hace siglos ¿veían lo mismo que yo ahora, o era otra vegetación, otro clima, otro mundo? Desde su espacio sagrado disfruto la belleza curvilínea de una sierra moteada, la distancia hace que perciba espacios oscuros y claros sobreponiéndose continuamente, como los espacios de bonanza y tragedia en la historia de una región.
Lo sagrado para mí, también está ahí: mis hijos, nuestra vida juntos. Cada minuto con ellos me pide conocerme para poder ser la mejor versión de mí en la vida que no imaginé. Sé que me tocará ver caer sus mundos y acompañarlos en sus reconstrucciones, para ello construimos un espacio sagrado hecho con las piedras de los momentos compartidos, las horas de cuentos, los días observando la belleza de una catarina, un Millet  o una sierra del bajío. El espacio sagrado quedará enterrado por el suceder de la vida y un día quitarán el polvo, redescubrieran su historia, sus cimientos, el momento en que todas sus vidas posibles eran sólo potencia. Seguramente caerán en cuenta que de lo vivido poco imaginaron, pero encontrarán los vínculos entre su presente y ese pasado que les da cimiento y sentido a su ser.
¿Imaginaron los habitantes del Cóporo ser historia de los Guanajuatenses? ¿Imaginaron los Guanajuatenses que tenían una historia prehispánica? ¿Qué vínculos unían al Cóporo con el norte del país, cuáles tiene hoy el Bajío con el norte o el sur del país? ¿Quién era el Bajío antes de la independencia? ¿Qué otras historias tiene el Bajío y no imaginamos?
“Conócete a ti mismo” es una invitación a tejer historias, a explorar, a ser arqueólogo y encontrar las relaciones entre los distintos tiempos que nos configuran.
Mamis, vayan con sus hijos, lleven agua, bloqueador solar y algún alimento ligero para darles después del recorrido que dura dos horas y media en promedio, de cualquier forma ustedes deciden si lo hacen más corto o extenso. Una camioneta los transporta del museo a la zona arqueológica y de regreso. Casi cada media hora están llevando y trayendo pasajeros. A la entrada de la zona arqueológica hay una palapa donde puedes esperar la camioneta.
Si tus hijos son pequeños puedes irles explicando que hace mucho tiempo unas personas vivieron ahí y así era su casa. Diles que imaginen que ese era un cuarto y allá la cocina. Seguro te harán preguntas como ¿Dónde están las camas? y ¿La escuela dónde era?  Anímalos a explorar respetando las áreas restringidas de paso. Hay puntos con contenedores de agua que se usaban, según te explican, para refrescarse, por supuesto hoy tienen un letrero que indica no beber el agua. Esos son buenos espacios para descansar y mirar el paisaje, por algo, alguien antes que tú ya lo había marcado como un buen lugar. Pídele a tu hijo que escuche como sopla el viento, que vea los colores de las piedras y como algunas tienen musgo. Pueden tomar fotos de la vegetación para buscar información en casa y armar un álbum.
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