19 may. 2008

EL MAPA DE JORGE VOLPI



El mapa de Jorge Volpi.
Por Julia Cuéllar
FOTOS: Erik Meza

Detrás de sus lentes una mirada afable da la bienvenida a una mente compleja. Nadie imaginaría que el hombre que ha novelado el siglo XX en una trilogía traducida a más de una decena de idiomas, esconde una pasión fuera de las letras, la cocina. Menos que de niño gustaba de jugar con barquitos en las fuentes de Polanco o de buscar la piedra filosofal como todo un alquimista. De estos secretos hay evidencias, signos entre sus libros, su blog, su conversación. Hay que estar atentos para ir siguiendo las pistas en el mapa de la creación de Jorge Volpi.

Conocerlo implica estar dispuesto a ser un papalote volando entre lo impredecible y revelador de sus letras. Los temas que aborda en su trilogía: En Busca de Klingsor, El fin de la Locura y No será la Tierra, son la ciencia, la imposibilidad de la comunicación, el fin de las ideologías, la soledad y el vacío de un siglo que inició imaginándose como el paraíso y terminó mostrando los infiernos del desacuerdo entre humanos. ¿Qué nos queda? ¿Qué sentido tiene la vida? El que cada uno quiera darle, una decisión personal parecen decir los tres libros. Jorge da una respuesta más literaria: Encontrar el sentido de la vida es un acto de imaginación, un quehacer cotidiano e individual.

La decisión de Jorge es la curiosidad, el querer saber más de los otros, del mundo, de sí mismo. Las letras son su herramienta de exploración y transformación de la realidad. Junto con el erotismo y la imaginación son una opción para paliar la soledad inherente a nuestra condición humana. Sin embargo, siempre estaremos solos y tal vez la única libertad posible sea negarnos a la reproducción y dejar de ser máquinas al servicio de nuestros genes, como plantea en No será la Tierra. Pero ¿podrían ser sus libros sus hijos? No, contesta Jorge, porque sería seguir atado al lado egoísta de la reproducción, el desear perdurar cuando nada es para siempre.

No cree en la trascendencia de los libros simplemente porque no cree en la inmortalidad. Escribe y vive para disfrutar el proceso y no como otros, por la idea de lo póstumo. Desconfía de quienes afirman escribir para sí mismos, porque en todos existe la arrogancia de creer que sus ideas son dignas de llegar al mayor número de mentes posibles. Si ya era difícil liberarnos de la tiranía de los genes, Volpi nos transporta a un nuevo escenario donde las ideas están en competencia por una cabeza en donde vivir.

En esta dinámica de conquista, como Director del Canal 22 de CONACULTA, afirma que la misión es reforzar ideas que sacudan, transformen, motiven la discusión y generen ciudadanos críticos en contra de ideas que quitan tiempo y carecen de utilidad.

Entre las ideas que comparten algunas cabezas está la de imaginar que la vida es un proceso de aprendizaje constante, más allá de que cada momento tiene un valor por sí mismo. En ese sentido parte de la obra de Volpi son novelas de formación que buscan enfrentar al personaje a dilemas que lo hagan conocerse, aunque los que terminan formados o deformados son los lectores. Pero si Jorge fuera un personaje en una de estas novelas le gustaría haber sido escrito por Thomas Mann.

En medio de sus constantes viajes, la dirección del 22 y su escritura, Jorge es un auténtico Director de Orquesta. Su batuta, el orden. Su música, una narrativa ágil y placentera.

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