11 dic. 2007

EN UNA OFICINA

¿Quién puede atenuar las dudas de la mañana? Un teclado y su musicalidad. A veces simplemente escribo ciertas palabras porque me gusta como suena su nacimiento en mi teclado. La sonoridad de las palabras en su más básica enunciación.
La impresora a mi lado también se deja oír, pero es un instrumento mal afinado la mayoría de la veces, aunque esta semana ha trabajado bien. Con ella he practicado mi afición por el psicoanális, hace unos días en sus peores comportamientos le grité que debía aceptar quién era, conformarse con lo que tenía, era una impresora de inyección de tinta y nunca sería una láser. Después de este diálogo tan claro entre nosotras, parece que asumió su papel y ya lo jala correctamente, no lo atasca e imprime sin errores lo que le mando. Tal vez yo deba aceptar que sólo soy una guionista y jamás seré una escritora. Mi relación con el teclado podría mejorar y dejaría, a lo mejor, de escribir sólo lo que suena agradable y empezaría a escribir lo que importa aunque caresca de musicalidad o sea tétrico.

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