19 ago. 2012

J y R


Se acercan como niños traviesos. Han decidido jugar sin conocer bien las reglas, los atrajo la soledad.
Tiemblan, se acercan, casi se tocan las narices y J. decide quitarse los lentes. R, ve pasar la mano demasiado cerca de sus ojos, le gusta.
J sonríe. R ve su cabello enmarañado y juega con él. J abraza por la cintura a R y empieza a besarla.
R siente unos labios suaves, dulces, casi de niño y recuerda su primer beso.
Como en su primer beso no sabe qué hacer, abre la boca pero no atina a regresar la caricia, está confundida, la excita el beso de un extraño .
J y R acaban de conocerse. J propuso ver qué pasaba cuando dos extraños se acompañaban. R estaba tan aburrida esperando el amor q aceptó.
J deja de besarla, la mira. R se recuesta, ignora su espera, quiere recordar lo que es sentir a otro cerca. J se coloca sobre ella.
los besos regocijan a R y las caricias alivian a J. Sus cuerpos tropiezan, enmudecen...
procuran no molestar al otro y por eso no terminan de adivinar el siguiente movimiento.
R sobre tacones se mira al espejo. Cómo puede esperar al amor ahora que sabe que para estar cerca no hay que amar.
J se ducha. Cómo volver a casa cuando esa extraña le ha parecido distinta, recordable.
J acompaña a R a la banca donde la encontró y se sienta a su lado. Le toma la mano, carece de línea para esa situación.
R admira la mano de J, le ha gustado desde el principio porque se parece a la que soltó y espera que regrese.
J tuitea: esto debe ser el amor, el silencio que no incomoda.
R revisa su TL, Retuitea a J. Se miran de reojo. ¿El amor? Es un salto al vacío de dos voluntades q confunden besarse con volar

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