19 ago. 2012

En redes nos vemos...


Declaran su amor en tuiter, se ponen el cuerno en FB, esperan su documentación para regresar a su origen y después volver ahí, donde esperan.
Mientras se tocan, no hay nada más qué hacer. Ojalá solo se tocaran el cuerpo pero las ideas son virus que no dejan de reconfigurarse y saltan
Se desconocen en lo público y lo privado no existe, carecen de identidad. Son cuerpos ocupando plazas, sin voz, sin voto.
Ni siquiera se atreven a amarse entre sí porque están de paso, una transición demasiado larga para considerarla como tal.
Nada existe hasta que es nombrado y por eso evitan nombrarse, piensan que siendo aire no se dañan los corazones.
Creen que el desapego es negar que se conocieron. Imaginan que ir a casa da sentido, dirección, pertenencia.
Son incapaces de reconocer que son turistas que visitan un lugar conocido, pero no son quienes partieron, ni es su casa. Jamás se vuelve.
Eso que niegan es lo que son, ese encuentro de ideas, pieles, confusión, ese renombrarse cada día, ese nuevo concepto de ser en las redes.
Estar sin estar, pero evidenciar que estás con fotos, mapas, palabras.
Ser avatares reconocibles, pero inmutables ante el gozo, el insulto, el desconcierto.
Están ahí, las ideas se mezclaron, se despiden con un beso. Creen que un plástico los protege del otro.
El otro, ese espejo que regresa lo que nos negamos a ver.

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