4 jul. 2008

CIUDAD DEL CAOS


Tragedia a la mexicana.
Por Julia Cuellar

Sus habitantes están acostumbrados a jugársela a diario. Si ni el terremoto del 85 convirtió a México en una ciudad fantasma, menos lo harán los incendios, las inundaciones, los descarrilamientos, los derrumbes, las explosiones o los desplomes de helicópteros.

La Ciudad de México está fundada en un accidente, en lo improbable. Desde que los aztecas encontraron en este lugar al águila devorando una serpiente sobre un nopal, la suerte estuvo echada. Por eso es que aquí es tan mortal cambiar un foco de avidad en el Zócalo como salir a fumar a un balcón.

Vivir en una zona donde lo impensable sucede es un reto. Más allá de asustar parece atrapar la curiosidad y alimentar la capacidad de asombro de sus habitantes. Nadie renuncia a la primera fila de una tragedia a la mexicana, o lo que es lo mismo, no hay quien se vaya. Cualquiera puede ser el siguiente protagonista. Desde quien espera en un auto fuera de una estética a que su novia salga más bella y es tragado por la tierra, hasta quienes deciden ir a bailar, sin imaginar que terminarán muertos en medio de un pésimo operativo.

No sirven las estadísticas ni las probabilidades, hay que saber que se está expuesto a todo para lograr cierta tranquilidad, al menos la que permita vivir día por día.

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