9 may. 2013

Soy hija del 82 y madre del 2010


Soy hija del ’82, esa generación “Y” que regresó a vivir con los padres, que todo les consulta y termina haciendo lo que se le da la gana. Soy la generación bisagra entre lo análogo y lo digital. Crecí creyendo que el cielo era el límite, había que soñar, que trabajar, que disfrutar el momento porque estábamos en crisis y los bienes iban y venían, los amigos y la familia, sólo los verdaderos en ambos casos, seguirían contigo a pesar del oscuro silencio.

Generación desencantada, nos etiquetaban y a mí me salía salpullido, ¿desencantada? La de mi padre que es baby boomer, se le cumplió el sueño americano (universidad, casa, autos, hijos, esposa, trabajo) y zaz llegó el ’82, el ’94 y así años y años de crisis. Soy esa generación de hijos que comían atún enlatado y gozaba porque se sentía astronauta más que clase media en desgracia. Mis padres supieron mantenerme feliz, en una burbuja quizá.
Soy de esa generación en la que pocos estamos teniendo hijos y debemos responder ¿por qué quieres ser madre-padre en un México tan violento?¿Por que siendo tan joven?

Hace tres años soy madre, mi primogénito bicentenario. Sí, tal vez también construimos burbujas para estos pequeños, replicamos el modelo de nuestros padres. Algunos apostamos por el modelo de la crianza con apego, cuyo fin último es una sociedad menos violenta, más comprensiva, humana, justa y feliz. Algunos decidimos ser padres jóvenes (y eso es un rango ambiguo) para acompañar por más tiempo y con mayor vigor a nuestros hijos en sus aprendizajes.

Soy de esa generación de mamás que decidió serlo, que apoya las causas de permisos de maternidad extendidos, de trabajos de medio tiempo o desde casa, de mamás que saben que no por serlo dejaron de ser mujeres. No por estar acompañando de cerca a su hijo en los primeros años, se quedarán sin proyectos para el resto de su vida.
Esa clase de mamá que aprovecha una columna para decirle a los hijos del bicentenario: gracias por enseñarnos a ser felices en medio del caos, a ser empáticos con el dolor de un país, a ser fuertes ante las adversidades, a trabajar con base en la esperanza, a asumir la historia como fortaleza.

Sí, soy hija del 82 y madre del 2010.


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