14 ene. 2009

DE REGRESO


Ya regresé, debería decir, ya tengo computadora otra vez, porque si no he estado escribiendo no es por falta de ganas o de cariño como diría la canción, pues quiero con el alma esto de juntar letritas y hacer palabras. Resulta que me quedé desconectada del mundo por un error en mi disco duro, mejor dicho, en el disco duro de la computadora, porque el mío siguió dando vueltas y tengo varias ideas en la cabeza peléandose por ver cual será la primera en tomar un espacio en este blog.

Empiezo por una anécdota. Dicen que el tiempo modifica nuestra visión sobre los hechos, los lugares y las personas. Cuando era pequeña León era la ciudad del progreso para mí, comparada con Guanajuato Capital me parecía la metrópoli. Fui creciendo y estas ciudades son hoy muy distintas a lo que recuerdo de mi infancia. Hasta hace poco viví en León y aunque ya no la pensaba como una gran ciudad, si reconocía que estaba en vías de desarrollo, que tenía posibilidades. Lamentablemente, y vaya que me dolió reconocerlo, en estas breves vacaciones por allá mi mirada cambió.

Después de que perdí mi camión para llegar a Guanajuato porque el tráfico del DF estaba como siempre, impredecible y llegué tarde por cinco minutos, me dispuse a buscar otra opción. Obviamente estaba enojada y pensé: claro llegar a los ranchos está difícil.

Encontré para León, de nuevo parecía ser el oasis con todas mis respuestas. Como algunos oasis, fue sólo una ilusión. Llegué a la León pasada la media noche, apenas bajé del camión, crucé el pasillo recién encerada, se abrió la puerta automática de la salida y lo supe: León es un pueblo.

Conforme avanzamos por el Boulevard Adolfo López Mateos, el gran orgullo urbano de la ciudad, fui descubriendo que estaba enamorada del DF. Que esa ciudad lo consume todo, es un mostruo que te devora y no te deja escapar. Cuando iba al DF sólo los fines de semana, la entrada y la salida me parecían de lo más sencillo. Ahora que vivo aquí entiendo el que recibir visitas es la opción, salir no lo es. Las visitas pueden entrar y salir, quienes estamos dentro, estamos atrapados y lo peor es que nos gusta, ni siquiera intentamos escapar. Entre mis sueños de pequeña estaba el vivir en esta ciudad y ahora que la habito siento que cada vez mi niña está más contenta, poco a poco he ido cumpliendo cada uno de sus caprichos y deseos.

Me dolió reconocer a León como una ciudad pequeña, como mi pasado, como el inicio y sólo eso de todo lo que me espera. Quiero mucho a León, es una ciudad que se metió en mi alma, es muy importante en mi vida pero mis ojos la encuentran distinta, ya no es la ciudad promesa, ahora es la ciudad que cuidó de mí antes de partir a los retos del ser adulto.

Aún tengo muchas razones para regresar a León y lo haré, pero sé que el cambio en mi mirada es irreparable.

Tal vez conforme crecemos todo va pareciendo un pueblo, vamos aprendiendo y ya ni el amor se define igual, ni la amistad, cambian las prioridades. Es un viaje donde avanzar implica pasar de metrópolis a pueblos y de nuevo llegar a metrópolis con plena conciencia de que algún día se convertirán en pueblos.

4 comentarios:

ANNGEL dijo...

futurear...

somos fututitiriteros


...

JULIA CUÉLLAR dijo...

Nunca mejor dicho...

SALUDOS...

Berenice dijo...

Julia! Que buen post me identifiqué totalmente y eso que nunca viviste en Culiacán! Me da gusto que ahora seamos compañeras de vida en el D.F. :) Sigamos descubriendo esta hermosa ciudad!

JULIA CUÉLLAR dijo...

BERE,
Mil gracias por tu comentario. Para mí ha sido un placer conocerte como amiga, compañera de trabajo y confidente de café. Eres una mujer increíble y el muchacho es muy afortunado. Sigamos descubriendo juntas la ciudad y todo lo que sigue en la vida de las mujeres: matrimonio, hijos, maestrías, esposos, novios eternos,y lo que esté por descubrirse o que estemos para inventarlo, jajaa.

MUCHOS SALUDOS Y YA HAY QUE VERNOS PARA CHISMEAR.