19 feb. 2009

FICCIONES RELATIVAS


Según Julio Patán y lo que llevo de su libro Conspiraciones, uno necesita creer y es por eso que se inventa complejos sistemas de verdades absolutas, con personajes inconmesurables y perfectos. Ahí cabe la religión, la ciencia, las teorías de conspiración y por supuesto, desde mi particular punto de vista, la literatura. En estas estructuras encontramos el orden. Ciframos el cosmos en valor de que nada puede suceder si no hay una inteligencia suprema, un plan maestro, una razón que justifique hasta el más mínimo acontecimiento. Necesitamos creer que todo está escrito o se está escribiendo por quien sí sabe para sentir seguridad, para imaginar que hay una orden. Lo anterior sólo para no caer en la depresión, la histeria, la psicosis o para no encontrar una belleza sugerente en cada balcón de un tercer piso.

Inventarnos un orden es ficcionar y por eso incluyo la literatura. Uno se inventa realidades para existir, de tal forma que parte de lo que sucede lo codificamos como nos conviene, como mejor se acomode a nuestro guión. Sí, según mi teoría todos somos psicóticos. Entonces cada hecho se vuelve relativo, depediendo de cómo nos facilite lo que queremos creer, lo miramos. Condicionamos la realidad a nuestros relatos, a nuestra sensibilidad, quien finalmente es el dictador, el director, el gestor de nuestras creencias. Lo que nos hace sentir bien es lo que creemos. Obviamente habrá quienes encuentren gratificante el pensar en el apocalipsis sin recompensa y otros que consideren que el malestar es previo al paraíso.

Hace poco también leí que algunos teóricos de la comunicación afirman que estamos en la época de comercializar las sensaciones, las experiencias. Ya no compramos productos, sino vivencias. Por eso, las nuevas generaciones no buscan la casa, el auto sino el mejor relato de aventura de unas vacaciones, la mejor experiencia de sonido, de video. Queremos sentir y eso es lo que pagamos. También afirmaban que comprar sensaciones lleva implícito el poder compartirlas rápido y efectivamente, ahí se insertan los fenómenos facebook, blogs, chats, podcasts, videos, fotos. Queremos contar lo que vivimos, mi conclusión, queremos ficcionar, escribir nuestros guiones, editar la vida. Los mejores relatos están construidos con hechos relativos, acontecimientos donde la mirada del protagonista ya modificó la realidad para poder narrarla como mayor placer le produzca.

Finalmente, lo que sentimos influye en cómo ficcionar para creer. El ejercicio de narrar consiste en fragmentar la realidad en acontecimientos relativos que después serán unidos o editados según la experiencia sensorial que el escritor quiera vivir, esto con el afán de crearse un sistema verosímil que le permita contar su versión de la vida. Para mí, la literatura es un ejercicio de ficciones relativas. Ni tan verdad, ni tan mentira, sólo la infinita necesidad de crear orden.

3 comentarios:

Rodricus dijo...

No conozco la obra Conspiraciones, pero la necesidad de los axiomas para funcionar es evidente. ¿Eso quiere decir que necesitamos creer? Creo que apelar a la necesidad en este caso es irrelevante. La vida racional sería imposible si fuese inaxiomática.

No sé si tener conciencia de los axiomas sea ficcionar. Es decir, los sistemas de creencias están fuera de la ficción. Pueden ser operativos o no, según el sistema desde el que se vean, pero probablemente no ficciones.

Ficcionar sería equivalente a fingir, al menos etimológicamente. Me parece que la vida sería más histérica si no operara con un sistema de creencias (elegido conciente o inconcientemente, según mi lucidez vital). Es decir, si mis axiomas son fingidos, entonces sí que viene la depresión o psicosis.

"Queremos contar lo que vivimos, mi conclusión, queremos ficcionar, escribir nuestros guiones, editar la vida." Creo que contar que vives algo difente de lo que vives sí sería ficcionar. ¿Pero editar la vida? ¿No es eso un grado de contacto con la realidad, que es justo lo opuesto de la ficción? Ah, esto amerita todo un diálogo.

Pd. Odio "la experiencia" starbucks. Es sólo café sobrepreciado, ¿a quién quieren engañar?

JULIA CUÉLLAR dijo...

Sí odio el café sobrepreciado, pero su té chai está buenísimo, y el verde frappé también, jajaja. Al final es una decisión de creer que están comprando lo mejor, jajaja o que tienen internet gratis (que no es gratis con esos precios de café y de tés).

Toda una discusión que tendremos que realizar en algún café sin precios elevados.

SALUDOS

Rodricus dijo...

¿Conoces Samadhi Café? Está en Xola. Es uno de mis sitios favoritos de la ciudad de México, y tiene muchísima onda. Y sobre todo: no está sobrepreciado. ¿Cuándo vamos?