5 feb. 2009

DECIR SÍ

Decir sí a todo en la vida puede meterte en ciertos conflictos. Para muestra vayan a ver la película Sí Señor con Jim Carrey. Al principio me negué a verla, pero terminé diciendo sí. No me arrepiento, mi risa era imparable. Afortunadamente la película trata sobre ser feliz en la vida y no hubo ningún amargado que no entendiera el mensaje por lo que nadie me cayó.

Me gustó la película porque muestra que ser aventurado y estar abierto a la vida nos asegura la felicidad. No vende la felicidad como un producto o algo eterno, inmutable, sino como una decisión, una opción que empieza con discernir cuando decir sí, procurando que sea la mayoría de las veces. Y por supuesto, cuando se cae en alguna desgracia, no hay que refundirse en ella, sino encontrar una nueva oportunidad. Es una película de superación personal hecha con humor. Me divertí.

Pero no quería promocionar la película, sino contarles que estoy de acuerdo con su tesis principal, discernir el sí.

¿No les ha pasado que por decir sí terminan en una reunión que no quieren o quedándose más tiempo del que desean? ¿A poco no han terminado con más trabajo, más compromisos y un más tan abrumante que de pronto duele decir sí? Pues sí el secreto está en discernir, pero qué pasa cuando nuestro discernimiento nos pone en conflicto con la pareja o el jefe o la vida.

¿Qué tan frecuente dicen que sí presionados por el entorno o el deseo de evitar conflictos? ¿Cuántos sí son una verdadera expresión de voluntad?

Lo pregunto porque hay ocasiones en que uno no desea ir a una boda, o a una reunión y termina yendo porque la pareja quiere. No sería más fácil que uno no fuera si no lo desea o mínimo se pudiera ir antes si así lo desea, pero y aquí está el giro, sin que esta no ida o salida repentina provocara un conflicto irremediable o la pregunta ¿acaso me amas?

Uno debe de conservar su autonomía y su poder de elegir cuando decir sí, sin que esto provoque una cuarteadura en la firme estructura del amor. Una vez que se ha dicho sí al amor en pareja, éste no debería estar condicionado a quién paga más, quién es más ordenado, quién aguanta más en las fiestas o quién no busca un taxi cuando ya está verdaderamente cansado y no quiere impedir que su pareja se siga divirtiendo, o vamos al caso más clásico: el que uno se quiere dormir y el otro quiere ver la tele. ¿Por qué no se vale dormir en otro lugar mientras el otro ve la tele? Así los dos dicen sí a lo que quieren (la tele y el sueño) y no se pelean por ver cual sí es más grnade o poderoso o impositivo. Esto no debería hacer pensar a ninguno que es el inicio del desamor, sino de la convivencia pacífica de dos seres que se aman demasiado como para limitar sus sí personales.

Por eso creo que el discernimiento del sí no debería estar supeditado a posibles rechazos en el tema del amor, y en lo demás, es mucho más complicado. Buena suerte a la hora de decir sí.

2 comentarios:

Ariel Silva dijo...

Emotivo texto en honor a Óscar Estévez el que apereció en el último número de Cuartoscuro. Yo también era/soy admirador de su poesía. Un saludo. Te sigo leyendo.

JULIA CUÉLLAR dijo...

Gracias y esperamos seguir recibiendo tus visitas. Buen fin de semana.