23 abr. 2008

Crónicas de un París muy personal


París no es como lo describen. No esperen el mejor en la siguiente oración porque no lo diré. Es una ciudad compleja, como toda ciudad que precie de serlo. No es New York y espero nadie se ofenda, pero creo que realmente está dividido entre quienes amamos New York y quienes idolatran París. Tal vez sea decisivo en la decisión amorosa por una ciudad el conocerla primero antes que a la otra, un tanto como sucede con los amantes. No es quién es mejor, es quién llegó primero a instalarse en el corazón como la promesa cumplida de lo perfecto (aunque no lo sea, es simplemente un juego de ilusión). Me encantó su orden, me perdí en todo el instrumento ideológico y práctico que hay para los infantes, me cautivó su fuerza elegante y silenciosa. Pero me asumo latina y prefiero el estruendo de una gran cachetada que la hipocresía. París no se acaba nunca, tenía razón Vila-Matas y Hemingway antes que él, y que Cortázar, Volpi, Echenique o cualquiera de los millones que han escrito sobre la ciudad luz. No se acaba, por eso hay una distinta para cada visitante. El mío es sólo eso, mío.

París es muy triste, demasiado negro portan sus habitantes, demasiado gris su cielo. Es el clima que conocí, sé que es distinto en otra época, pero esa aún no la conozco, ya me tocará ver a la ciudad vestida de primavera o verano. Hoy queda el recuerdo de lo distante, lo impersonal, lo perfecto intocable, un gran museo cubierto de vitrinas, de cristales transparentes pero impenetrables. Qué decir de sus horarios, incompatibles con mi alma nocturna, mi estómago curioso a deshoras y mi decisión de no usar reloj parece una necedad en una ciudad donde todo el día es la misma hora, por lo imperceptible de las sombras. Pero resistí, no compré reloj. A lo que no me pude resistir fue a la compra de postales, debo reconocer que visualmente su cultura embelese.

Es una gran ciudad para pensar, para meditar, para escribir y leer, y sobre lo último hay que estar atentos ya que el próximo año México será el país invitado al Salón del Libro de París.

Todo es visual y yo demasiado carnal. Incompatibilidad de caracteres. jajajja.

Besos París.

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