Una amiga le dijo: Puede ser la persona, pero no el momento. Ella suspiró, se perdió en el recuerdo de sus manos y su voz.
Recorrió cuadro por cuadro el movimiento de su mano izquierda retirándose los lentes antes del beso de reconocimiento.
Cada encuentro era el primero y el último. Ella ya no necesitaba repetirse que era momentáneo, que no pertenecían.
Para ella era una obra de teatro: el mismo libreto, pero cada representación única e irrepetible.
Él soliloquiaba en voz alta sobre lo que no debía ser. Ella lo contemplaba mientras tanto, sonreía porque no debía ser y era.
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25 feb 2013
26 nov 2012
Me cuento historias
Me encantan las historias de amor por una sola razón, yo las invento. ¿Acaso no las inventamos todos? Cuando decides percibir un abrazo más largo, o encontrar una carta escrita expresa para ti dentro de un libro; cuando crees leer en su mirada un te extrañé todo este tiempo.
Siempre puede suceder que coinciden los afectos y la historia parece real, pero cada quien está viendo-inventando una parte, interpretando desde sus referentes lo que sucede. Decimos que se crea una mitología cuando los referentes empiezan a ser comunes y ríes con los mismos chistes, crees en los mismos autores o encuentras emocionante el dialogar por teléfono a las tres de la mañana porque los separan husos horarios.
Nos contamos historias para seguir pintando manos en las cuevas, para creer que hay un motivo, una razón para cada día.
Nos contamos historias de amor para sublimar lo que nos hace animales desconcertados al servicio de los genes, interpretando a mi autor favorito.
Nos contamos historias de amor para seguir escribiendo en el otro mi deseo de ser amado, esperado, admirado, respetado.
Me cuento historias de amor, porque a las 12:21 am me has despertado con una llamada telefónica, la culpa la tienen los husos horarios, y me sacaste del letargo que es para mí, la rutina de ser lo que otros esperan y no lo que imaginé ser.
Me cuento historias de amor, para seguir imaginando quien soy, quienes somos juntos.
Te invento, me invento.
Siempre puede suceder que coinciden los afectos y la historia parece real, pero cada quien está viendo-inventando una parte, interpretando desde sus referentes lo que sucede. Decimos que se crea una mitología cuando los referentes empiezan a ser comunes y ríes con los mismos chistes, crees en los mismos autores o encuentras emocionante el dialogar por teléfono a las tres de la mañana porque los separan husos horarios.
Nos contamos historias para seguir pintando manos en las cuevas, para creer que hay un motivo, una razón para cada día.
Nos contamos historias de amor para sublimar lo que nos hace animales desconcertados al servicio de los genes, interpretando a mi autor favorito.
Nos contamos historias de amor para seguir escribiendo en el otro mi deseo de ser amado, esperado, admirado, respetado.
Me cuento historias de amor, porque a las 12:21 am me has despertado con una llamada telefónica, la culpa la tienen los husos horarios, y me sacaste del letargo que es para mí, la rutina de ser lo que otros esperan y no lo que imaginé ser.
Me cuento historias de amor, para seguir imaginando quien soy, quienes somos juntos.
Te invento, me invento.
22 jul 2012
A well known end
You are a marvelous story, unexpected
but in perfect time. I'll remember you because for the first time I'm not writing,
is you who is doing it. To know the end does not make it less
enjoyable, instead it makes every kiss and laugh eternal, perfect, meant to
happen.
Sometimes brief stories are the ones with more significance and
echo in our lives, is not about time but complicity.
I'm addicted to short
stories long before I was written by you. I love to carry on your signature,
it's what makes perfection real. I ought you this new way of focusing
life and this new name you gave me. I ought you the feeling: "every thing
is about to happen"
Yes, my dear writer, we are in trouble,
the clock is ticking and the smell of the last page is becoming the essence in
our meetings. I wont miss you because I will live this short story until people
cease to listen. I trust it can go forever, because true passion always finds
ears. As a goodbye gift you promised to give me freedom to write whatever I
desire, I'll keep hope & love alive, you were right, I'm a writer too.
I
read you and I felt empathy, I saw you and I liked you. We met and I felt
electrical sparks surrounding us. We kiss and I was a woman again. Your hand
drew me like I wanted to be drawn, and the white pages began to appear in front
of us. You took the lead in the dancing of the pen.
-A short story we are-you
said- I should go with the last rain. You should fly too.
-I'm a Tree, don't
you see?
-You are a woman with dreams.
I like to unfold pages while your gaze
caress my body and your smile lights the spread of the ink as we create the
story.
-Did you come to tell me that my dreams are possible somewhere? Do you
exist outside this words?
- At the end you shall write whatever you wish.
I shall become just a stranger, we don't belong. I’m not your dream,
you are not mine, we met because God is playing dice again. Let's be a
short story until the last rain arrives and dice stop pushing our lips
together. Let's write with eyes close trusting our rhythm.
White pages is all we have, two writers is all
we are. Time and space are right, its a story happening with a well known end.
Julio 2012
2 may 2011
Wet scene
-I love you- I scream from a balcony
-I love you too -was your answer- but why now?
She took your arm, she didn’t notice you were looking up
I watch you walk away on the wet street
-Because love doesn’t know about timing -was my answer but you were far away by then
My tears fall down from a balcony to a wet street
-Julia Cuellar 9 abril 2011
-I love you too -was your answer- but why now?
She took your arm, she didn’t notice you were looking up
I watch you walk away on the wet street
-Because love doesn’t know about timing -was my answer but you were far away by then
My tears fall down from a balcony to a wet street
-Julia Cuellar 9 abril 2011
10 oct 2010
NY PROMISE
Once I dream of New York
Once I live in it
I loved and grow in the biggest apple of all
Ten years ago I turned 18 years old
in the capital city of the world
Ten years after, I turned 28 years old
in the biggest city of the world
I miss the books, his lips and the strawberry fields forever
When I leave New York
I promise to go back
ten years have passed
and the pebbles on my window
still wake me up like an echo of home
It's october 10th 2010
It's 10:10 pm
It's the ten thousand time I promise I will return for good
Once I live in it
I loved and grow in the biggest apple of all
Ten years ago I turned 18 years old
in the capital city of the world
Ten years after, I turned 28 years old
in the biggest city of the world
I miss the books, his lips and the strawberry fields forever
When I leave New York
I promise to go back
ten years have passed
and the pebbles on my window
still wake me up like an echo of home
It's october 10th 2010
It's 10:10 pm
It's the ten thousand time I promise I will return for good
4 mar 2010
AQUÍ SEGUIMOS
PARA U.
Me tomó de la mano, corrimos hacia el tren. Ese no era mi camino, yo no era su mujer, pero ninguno dijo palabra. Y desde entonces entregamos nuestra fe al azar.
-Julia Cuéllar (11 mayo 2008)
Me tomó de la mano, corrimos hacia el tren. Ese no era mi camino, yo no era su mujer, pero ninguno dijo palabra. Y desde entonces entregamos nuestra fe al azar.
-Julia Cuéllar (11 mayo 2008)
3 ago 2009
NOCHE DE FIESTA
Dos peras esperan como aretes en un árbol a que la Noche decida irse de fiesta y las tome prestadas de una dama tan quieta que de zapatos usa raíces y no estrellas.
-Julia Cuéllar (11 mayo 2008)
-Julia Cuéllar (11 mayo 2008)
5 jun 2009
PICNIC
20 abr 2009
Panóptico
Por Julia Cuéllar
La caja idiota se rompió de noche liberando sus demonios. Chispas azules, rojas y metálicas surgieron imitando el movimiento de las hadas. Drácula apareció vociferando ¿qué pasó aquí?, le siguió medusa y un duende chillón que rascándose los ojos preguntó: ¿mi hermana está bien?
Parpadeé y frente a mí aparecieron muchas puertas rojas y el sonido persistente de un generador eléctrico. Pensé en estirar mi mano para abrir una puerta, pero ninguna extremidad respondió. Opté por mirar fijamente una entrada.
Aparecí en un espacio incoloro, inodoro y vacío. Unas burbujas gigantes comenzaron a perseguirme. Cada vez que una me tocaba yo sentía presión sobre mi, aunque no me dolía. Descubrí que era un mono de palitos, un dibujo elemental de un ser humano. Esquivé las burbujas y el piso se movió de un lado a otro cientos de veces, como una balanza que no termina de encontrar el equilibrio. Miles de toques sentí en mi pecho, en mis piernas, en mis brazos y en mi ojo izquierdo. De pronto mi voz sonó con distintos timbres y melodías, luego fui testigo de los nuevos eventos en una agenda y de los correos recién llegados, cada uno fue un pellizco en el trasero. Cobré conciencia, estaba dentro de un iphone.
Más guiños y transité por blogs, videos, chat rooms, podcasts. Me convertí en oso, anillo y ropa virtual, fui cualquier cantidad de regalos y encuestas viajando a la velocidad de la luz. Terminé mareada y al vomitar sólo expulsé links que iniciaron nuevos viajes.
Traté de concentrarme en mí, reconocer mi cuerpo, salir de la saturación. Regulé mi respiración. Imaginé el castillo de la bella durmiente, mi favorito de niña, el ruido del agua al caer de una cascada, el trinar de las aves, el cabalgar de un caballo con un príncipe en su lomo, una rueca, tres hadas y un beso de amor infinito. Desperté.
La televisión seguía ahí, rota en medio de mi habitación. Observé que mi librero sólo contenía un libro sobre cuentos de hadas y narraciones fantásticas. Lo tomé entre mis manos y comencé a leer, apenas sentí que mi cuerpo era absorbido por él, lo cerré con fuerza. Volví a abrirlo, leí, me transporté a parajes inimaginables, cerré el libro y seguí siendo yo. Dormí.
Las chispas cesaron. Yo abrazaba mi almohada y le respondí a mi hermano: Estoy bien. Giré para seguir durmiendo y la espina de una rosa me pinchó, mis labios tenían un extraño sabor a saliva masculina. Qué ridículo, las rosas y los príncipes no existen. Mañana cambiaré mi estado en Facebook: Pertenezco a la red, existo.
La caja idiota se rompió de noche liberando sus demonios. Chispas azules, rojas y metálicas surgieron imitando el movimiento de las hadas. Drácula apareció vociferando ¿qué pasó aquí?, le siguió medusa y un duende chillón que rascándose los ojos preguntó: ¿mi hermana está bien?
Parpadeé y frente a mí aparecieron muchas puertas rojas y el sonido persistente de un generador eléctrico. Pensé en estirar mi mano para abrir una puerta, pero ninguna extremidad respondió. Opté por mirar fijamente una entrada.
Aparecí en un espacio incoloro, inodoro y vacío. Unas burbujas gigantes comenzaron a perseguirme. Cada vez que una me tocaba yo sentía presión sobre mi, aunque no me dolía. Descubrí que era un mono de palitos, un dibujo elemental de un ser humano. Esquivé las burbujas y el piso se movió de un lado a otro cientos de veces, como una balanza que no termina de encontrar el equilibrio. Miles de toques sentí en mi pecho, en mis piernas, en mis brazos y en mi ojo izquierdo. De pronto mi voz sonó con distintos timbres y melodías, luego fui testigo de los nuevos eventos en una agenda y de los correos recién llegados, cada uno fue un pellizco en el trasero. Cobré conciencia, estaba dentro de un iphone.
Más guiños y transité por blogs, videos, chat rooms, podcasts. Me convertí en oso, anillo y ropa virtual, fui cualquier cantidad de regalos y encuestas viajando a la velocidad de la luz. Terminé mareada y al vomitar sólo expulsé links que iniciaron nuevos viajes.
Traté de concentrarme en mí, reconocer mi cuerpo, salir de la saturación. Regulé mi respiración. Imaginé el castillo de la bella durmiente, mi favorito de niña, el ruido del agua al caer de una cascada, el trinar de las aves, el cabalgar de un caballo con un príncipe en su lomo, una rueca, tres hadas y un beso de amor infinito. Desperté.
La televisión seguía ahí, rota en medio de mi habitación. Observé que mi librero sólo contenía un libro sobre cuentos de hadas y narraciones fantásticas. Lo tomé entre mis manos y comencé a leer, apenas sentí que mi cuerpo era absorbido por él, lo cerré con fuerza. Volví a abrirlo, leí, me transporté a parajes inimaginables, cerré el libro y seguí siendo yo. Dormí.
Las chispas cesaron. Yo abrazaba mi almohada y le respondí a mi hermano: Estoy bien. Giré para seguir durmiendo y la espina de una rosa me pinchó, mis labios tenían un extraño sabor a saliva masculina. Qué ridículo, las rosas y los príncipes no existen. Mañana cambiaré mi estado en Facebook: Pertenezco a la red, existo.
14 abr 2009
JUEGO DE SÁBANAS
Por Julia Cuéllar
Rolando me persiguió toda la noche entre las sábanas. Era un juego. Debíamos escondernos lo mejor posible dentro del límite de la cama y después correr para no dejarnos alcanzar. Yo era la que mejor se escondía, él quien mejor narraba. El que fuera descubierto debía crear una mini ficción, después escapar y esconderse de nuevo. Si pasabas 5 minutos en tu escondite podías salir y tomar por sorpresa a tu contrario, sería su turno de narrar y ocultarse.
Rolando contó que una mujer de rizados cabellos enredó a su amante entre ellos para poder dejarlo libre en el agua de la regadera y sentir su caída como caricia cada mañana.
Yo dije que un hombre de ojos saltones atrapó las letras de doscientos abecedarios con un parpadeo. Caminó con los ojos cerrados hasta las manos de su amada donde abrió los ojos para que ella ordenara a su antojo el universo del lenguaje.
Rolando narró también que existió un hombre de inmensa sabiduría porque conservó a su lado el corazón de una mujer, los sueños de una niña, la duda de una adolescente y el sazón de una anciana.
Platiqué que cuando la libertad y el amor se unieron produjeron un hijo, la paciencia.
Rolando rió con ese último cuento y me dio un beso. Corrí a esconderme. Pasó cerca de mí, lo olí. Enredada entre pliegues verdes imaginé el siguiente relato: Una mujer que recostada sobre el pasto hacía de cada uno de sus poros orejas para recibir los chistes del césped.
Le salí de sorpresa a Rolando, me le colgué de la espalda y rodamos por dobleces de sábanas arrugadas de tantas persecusiones. Llegamos abrazados al final de la cama. De haber sido la mía hubiéramos sidos expulsados del juego porque no acostumbro propiciar los besos entre la sábana y el colchón. Él sí cree en el amor, por eso no caímos al precipicio. Los dos comenzamos un cuento.
Rolando me persiguió toda la noche entre las sábanas. Era un juego. Debíamos escondernos lo mejor posible dentro del límite de la cama y después correr para no dejarnos alcanzar. Yo era la que mejor se escondía, él quien mejor narraba. El que fuera descubierto debía crear una mini ficción, después escapar y esconderse de nuevo. Si pasabas 5 minutos en tu escondite podías salir y tomar por sorpresa a tu contrario, sería su turno de narrar y ocultarse.
Rolando contó que una mujer de rizados cabellos enredó a su amante entre ellos para poder dejarlo libre en el agua de la regadera y sentir su caída como caricia cada mañana.
Yo dije que un hombre de ojos saltones atrapó las letras de doscientos abecedarios con un parpadeo. Caminó con los ojos cerrados hasta las manos de su amada donde abrió los ojos para que ella ordenara a su antojo el universo del lenguaje.
Rolando narró también que existió un hombre de inmensa sabiduría porque conservó a su lado el corazón de una mujer, los sueños de una niña, la duda de una adolescente y el sazón de una anciana.
Platiqué que cuando la libertad y el amor se unieron produjeron un hijo, la paciencia.
Rolando rió con ese último cuento y me dio un beso. Corrí a esconderme. Pasó cerca de mí, lo olí. Enredada entre pliegues verdes imaginé el siguiente relato: Una mujer que recostada sobre el pasto hacía de cada uno de sus poros orejas para recibir los chistes del césped.
Le salí de sorpresa a Rolando, me le colgué de la espalda y rodamos por dobleces de sábanas arrugadas de tantas persecusiones. Llegamos abrazados al final de la cama. De haber sido la mía hubiéramos sidos expulsados del juego porque no acostumbro propiciar los besos entre la sábana y el colchón. Él sí cree en el amor, por eso no caímos al precipicio. Los dos comenzamos un cuento.
3 mar 2009
CON MOTIVO DE LA EXPO SEXO

Platicando con una amiga, confirmé mi creencia que el mejor afrodísiaco es una pareja que te detone la sensibilidad del cuerpo, el resto es una danza de gemidos y placeres.
Ana, es la más dramática de mis amigas y es literal, es una teatrera consagrada, lo lleva en la sangre. Su abuelo es uno de los pilares dramatúrgicos del país. Ella nunca ha querido aprovechar su apellido para abrirse paso en los escenarios que le corresponden por linaje ancestral, prefiere picar piedra. Quiere ser reconocida por su trabajo, no por el de su abuelo, a quien admira irrevocablemente.
Sin duda, Ana es la única de mis amigas a la que desde niña la enseñaron a sentir, y con esto me refiero que la educaron para exagerar las emociones, minimizarlas, nombrarlas y traducirlas en movimientos mínimos y máximos en cada músculo y cartílago del cuerpo. El resto aprendimos lo básico y por eso nos cuesta trabajo entendernos y mantener comunicación y relaciones sin errores sentimentales.
Con estos antecedentes es claro que el cuerpo de Ana no miente, al menos no le miente a ella. Ella lo comprende a la perfección, así que el día que no sintió nada supo que no era una exageración, era la verdad absoluta.
Para aquellos que entienden el comercial: felicidades, estuviste como de 20, como la frase que explica que el sexo de los veinteañeros es lo máximo, debo pedirles que lean esta historia porque prueba lo contrario, es decir, lo que yo siempre he creído, un veinteañero es inexperto. En términos teatrales, es energía sin dirección.
Caminando por la expo sexo, buscando accesorios para su nueva puesta teatral sobre mujeres y también para sus motivos personales, Ana me confesó la historia del día que no sintió nada.
-Llegó el Twenty one (así le decimos al jovencito que mi amiga ha estado educando en las artes amatorias. Ha sido su única tutora) y pues empezamos a besarnos. La verdad no tenía muchas ganas -confiesa Ana- Pero dije, a quién le dan pan que llore. Así que detuve un poco los besos para poner música, crear ambiente seductor a media luz y servirnos vino. Bebí dos copas y nada de calor corporal. Me besó enterita, perdí la ropa, otras dos copas y yo igual. Le di lecciones avanzadas y yo fría como la pared azulada que tantas veces me ha servido de cama cuando me aferro a una espalda de hombre bien parado. Bien parado, porque hay que estar de pie para detenerme.
-Te entiendo- respondí mientras escogía entre un traje satinado o uno de terciopelo.
- El muchacho ya no sabía como mantener tanta excitación y yo una lápida marmolea. Intenté imaginarme que estaba con el mariposón (así le decimos al amante intermitente de más de 50 años de Ana. Intermitente porque a veces son amantes y a veces no. No crean que porque tiene disfunción, ya verán que no, y por eso está mal hecho ese comercial)Apenas imaginaba al mariposón, una tristeza inmensa me invadía y la palidez de mi cuerpo se volvía una sensación que bloqueaba cualquier otra emoción, sobretodo la rosada del sexo sin ataduras. Estaba seca como un desierto y el twenty one era una biznaga que tenía que explotar y yo sólo sentía sus espinas. Así que lo frené en seco, sequedad mía, amarga humedad para él. Le pedí que se fuera, que se marchara porque hoy no podía. Apenas cerré la puerta supe que era frígida.
- Tú no eres frígida, es sólo que el twenty one no te excitó. Qué emoción puede haber en el cuerpo de un niño.
- No es un niño.
- No gracias a ti, pero lo era antes de conocerte. Pobrecito, ya lo traumaste.
- Calla, ya lo compensaré. Decidida a averiguar si era frígida o no y antes de dejar que la certeza de mi aridez me provocara llanto diluviano, decidí ir a la fuente de todas mis respuestas.
- Fuiste con el mariposón.
- Sí, apenas abrió la puerta y me vio desconsolada supo lo que me sucedía. Ven a mis brazos, dijo, y me desbordé como un manantial apenas liberado de la piedra que oprimía su cauce.
Efectivamente, mi amiga no era frígida y sólo necesitó del hombre correcto para sentir. ¿Por qué me lo contó en la expo sexo? siempre será un misterio, bien pudo haberlo contado en el chat o en cualquier otro día de café. Tal vez la temática del lugar le recordó el suceso. Salimos con un montón de artilugios amorosos para su obra de teatro y algunas ideas, sólo ideas, de cómo describir dos que tres trajecitos la próxima vez que escribiera sobre encuentros sexuales.
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