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3 jul 2008

MENTIRAS CONTAGIOSAS



El fin de la novela es el tema con el que Volpi juega en su nuevo libro. Alguna teoría de enredos de los deseos vs el deber del ser humano nos espera en las páginas de Mentiras Contagiosas, su más reciente publicación. Para ir abriendo boca o mente en este caso, basta con leer el fragmento que Casa América nos ofrece en su portal de internet:

http://www.casamerica.es/es/guia-de-iberoamerica/documentos/literatura/avances-
editoriales/jorge-volpi-mentiras-contagiosas-fragmento

Si después de ese fragmento se quedaron picados y quieren leer toda la obra, si ya son fans de Jorge o son los que lo leen para después criticarlo, pues los invito a la presentación del libro "Mentiras contagiosas" el viernes 4 de julio en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica, Tamaulipas, 202, Col. Condesa, a las 7:00 de la tarde. Estarán Juan Villoro y Martín Solares.

Les dejo aquí el principio de Mentiras Contagiosas, en Casa América hay mucho más y por supuesto que les recomiendo que compren el libro para enterarse de todo. La Fotografía que acompaña esta entrada es de Erik Meza.

RÉQUIEM POR LA NOVELA
Por Jorge Volpi
Fragmento del libro MENTIRAS CONTAGIOSAS

Certifico la muerte de la novela. Según los cronistas, el último ejemplar de esta especie apareció hace cien años: un pobre remedo de Las aventuras del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, perpetrado porun tal Menard y publicado en la ciudad de México en 2605. Basta hojearla para comprobar la decadencia del género: sus artificios estructurales, la inverosimilitud de sus personajes y su miseria estilística explican por qué el público dejó de leer –y los editores de editar y
los escritores de escribir– esta variedad de la literatura conocida como ficción (un término ausente en nuestras librerías). Ante obras como esta no debe sorprender
que la novela se haya extinguido, sino que no lo haya hecho antes. La ficción siempre tuvo una vida artificial: concebida como un engaño similar a la magia o la hechicería, sólo podía haber prosperado en sociedades con un precario desarrollo intelectual. De otro modo, ¿cómo entender que adultos racionales se consagrasen a tramar estos divertimentos, que seres racionales disfrutasen con sus engaños, que lectores sensatos se conmoviesen con sus mentiras?

19 may 2008

EL MAPA DE JORGE VOLPI



El mapa de Jorge Volpi.
Por Julia Cuéllar
FOTOS: Erik Meza

Detrás de sus lentes una mirada afable da la bienvenida a una mente compleja. Nadie imaginaría que el hombre que ha novelado el siglo XX en una trilogía traducida a más de una decena de idiomas, esconde una pasión fuera de las letras, la cocina. Menos que de niño gustaba de jugar con barquitos en las fuentes de Polanco o de buscar la piedra filosofal como todo un alquimista. De estos secretos hay evidencias, signos entre sus libros, su blog, su conversación. Hay que estar atentos para ir siguiendo las pistas en el mapa de la creación de Jorge Volpi.

Conocerlo implica estar dispuesto a ser un papalote volando entre lo impredecible y revelador de sus letras. Los temas que aborda en su trilogía: En Busca de Klingsor, El fin de la Locura y No será la Tierra, son la ciencia, la imposibilidad de la comunicación, el fin de las ideologías, la soledad y el vacío de un siglo que inició imaginándose como el paraíso y terminó mostrando los infiernos del desacuerdo entre humanos. ¿Qué nos queda? ¿Qué sentido tiene la vida? El que cada uno quiera darle, una decisión personal parecen decir los tres libros. Jorge da una respuesta más literaria: Encontrar el sentido de la vida es un acto de imaginación, un quehacer cotidiano e individual.

La decisión de Jorge es la curiosidad, el querer saber más de los otros, del mundo, de sí mismo. Las letras son su herramienta de exploración y transformación de la realidad. Junto con el erotismo y la imaginación son una opción para paliar la soledad inherente a nuestra condición humana. Sin embargo, siempre estaremos solos y tal vez la única libertad posible sea negarnos a la reproducción y dejar de ser máquinas al servicio de nuestros genes, como plantea en No será la Tierra. Pero ¿podrían ser sus libros sus hijos? No, contesta Jorge, porque sería seguir atado al lado egoísta de la reproducción, el desear perdurar cuando nada es para siempre.

No cree en la trascendencia de los libros simplemente porque no cree en la inmortalidad. Escribe y vive para disfrutar el proceso y no como otros, por la idea de lo póstumo. Desconfía de quienes afirman escribir para sí mismos, porque en todos existe la arrogancia de creer que sus ideas son dignas de llegar al mayor número de mentes posibles. Si ya era difícil liberarnos de la tiranía de los genes, Volpi nos transporta a un nuevo escenario donde las ideas están en competencia por una cabeza en donde vivir.

En esta dinámica de conquista, como Director del Canal 22 de CONACULTA, afirma que la misión es reforzar ideas que sacudan, transformen, motiven la discusión y generen ciudadanos críticos en contra de ideas que quitan tiempo y carecen de utilidad.

Entre las ideas que comparten algunas cabezas está la de imaginar que la vida es un proceso de aprendizaje constante, más allá de que cada momento tiene un valor por sí mismo. En ese sentido parte de la obra de Volpi son novelas de formación que buscan enfrentar al personaje a dilemas que lo hagan conocerse, aunque los que terminan formados o deformados son los lectores. Pero si Jorge fuera un personaje en una de estas novelas le gustaría haber sido escrito por Thomas Mann.

En medio de sus constantes viajes, la dirección del 22 y su escritura, Jorge es un auténtico Director de Orquesta. Su batuta, el orden. Su música, una narrativa ágil y placentera.

DANIEL KRAUZE. NUEVAS LETRAS PARA UNA NUEVA CIUDAD



Aquí inician mis trabajos de bienvenida a la nueva ciudad. Ahora son dos entrevistas y luego verán suplementos de foto.
Por ahora disfruten la entrevista con Daniel Krauze, autor de Cuervos y con las fotos de Erik Meza, quien me acompañó en esta locura de un día de opuestos. Pueden encontrar estas dos entrevistas en impreso en la revista Mlife y Maxwell.

Una escritura sin prisa
Por Julia Cuéllar


Daniel Krauze, su nombre suena a olas que se rompen, que renuncian a la espuma que acaricia, que regresan a su origen, el fondo del mar. Dejemos atrás lo espumoso, lo efímero, entremos en la profundidad de Daniel, su apellido hoy no es necesario.

Cuervos es su primera novela, narra la vida sin sentido, monótona e insulsa de una parte de la juventud mexicana. A diferencia de otros que han querido retratar este sector social, Daniel no adjetiva, no condena, no se compromete con nadie, no describe víctimas ni victimarios, retrata lo virtualmente apasionados que viven los veinteañeros en contraste con su real decepción. Aborda lo íntimo y lo público a través de una lectura ágil, divertida, carente de sermones o esperanzas desbordadas, pero repleta de metáforas y reflexión. Su ritmo es directo y preciso, su aparente lejanía es un acercamiento microscópico a una juventud que le tocó crecer sin padres.

A diferencia de sus personajes, Daniel admira a su padre y aunque la gente crea que tienen una relación estrecha de trabajo no es así, ya que Enrique Krauze es un historiador excelente, pero Daniel no busca los testimonios, sino la narrativa. Eligió la literatura porque cree que sirve para entendernos, para no olvidar. Reconoce que la escritura es lo que le da sentido a su vida, su forma de hacer que las piezas caigan en su lugar. La lectura, por su parte, es una fuente inagotable de experiencias y herramientas para sus letras.

Daniel escribe sobre lo que le molesta, por eso escribió sobre una juventud mexicana intelectual y emocionalmente pobre, reconoce que en su momento no estuvo exento, pero encontró en la escritura una forma de nombrar su perturbación, su hastío. Piensa que el problema en México es que sólo hay dos maneras de ser joven: frívolo o culto. Si eres lo primero te la pasas en los antros, con los mismos amigos de siempre, repitiendo conversaciones y botellas. Si eres culto, eres un increíble snob, presumes que lees a Cortázar, Sabines o Benedetti. Es difícil encontrar jóvenes que lean sin ostentarlo y que se diviertan sin rutinas semanales de antros. La cultura no es tu ID, no es una carta de presentación.

Lo que apasiona a un joven no común como Daniel es la honestidad, la gratitud, las personas con ambiciones y la profundidad. Por eso confiesa que a sus 25 años no tiene prisa. Admite que a su edad no ha vivido tanto, no conoce demasiado la vida y tal vez una segunda novela podría estar bien escrita, pero carecería de la profundidad con la que le gustaría realizar su obra. Así que si su próxima novela ve la luz a los 35, le tiene sin cuidado.

Lo que no descuida es su rutina de escritura, todos los días lee y escribe. Al igual que sus personajes favoritos de niño, vampiros y hombres lobo, Daniel disfruta de la noche, las 10 u 11 son su mejor horario para vaciar sus ideas en una computadora. Aunque por el día no se despega de su cuaderno de notas, nunca se sabe cuando una idea puede ser chupada del cuello de la realidad.


Daniel es casi irreal en la juventud mexicana, parece escrito por Ian Mc Ewan, o al menos de ser ficticio, le hubiera gustado ser escrito por él, ya que admira como el autor británico construye personajes. La influencia de la literatura anglosajona es evidente en la narrativa de Daniel que va perfilando su estilo con olas que traen ecos de la profundidad de una nueva generación.