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24 abr 2013

Libros: Mensajeros del tiempo


“¿Por qué no se detiene el mundo? ¿No ven lo que me pasa?” se pregunta Morrie Schwartz pocos minutos después de recibir la noticia de que morirá a causa de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Justo el Día Internacional del Libro, leí con mis alumnos este fragmento de Martes con mi viejo profesor de Mitch Albom

A veces es necesario que la muerte nos toque muy cerca para hacer un alto. Todos sabemos que vamos a morir, sin embargo, vivimos sin entenderlo y el día que algunas personas reciben la noticia del tiempo aproximado que les queda de vida, es el día que piden al mundo que se detenga. La lista de los pendientes prioritarios pasa a primer plano y se cuestiona el sentido de la propia existencia. En teoría, todos deberíamos de tener esa lista y esa pregunta en constante revisión, a todos nos han dicho que moriremos, pero algo cambia cuando el calendario se ve como un día menos en lugar de un día más. Algo cambia cuando vemos a la muerte casi rozarnos la mejilla: pienso en el maratón de Boston, en los femenicidios en León, en Mitch y Morrie. La literatura y la realidad se tocan hoy en la fiesta que celebra a la lectura como instrumento para mejorar la “calidad de vida y construir una sociedad fuerte y pacífica”. ¿Puede la lectura transformar nuestra realidad?

Los libros suelen llevar mensajes a través del tiempo. Les hemos encargado guardar secretos, reflexiones, sueños, hechos históricos, conocimientos, con el fin de no olvidar, de que otro sufra, goce, viva, aprenda, sea. Que otro se detenga y vea lo que pasa en un momento de máximo dolor o alegría. Que al conocer esta historia cambie, tenga una revelación. El libro es un alto en nuestro tiempo comunitario, social, a la invención de Gutenberg debemos, entre otras cosas, el que el libro sea un instrumento para ganar un espacio personal. Detrás de esas hojas reales o electrónicas, estamos solos, intentando descifrar el código de un autor, descubriendo ¿qué me dice a mí? ¿por qué debería seguir leyendo, haciendo un alto en mi vida para escucharlo a través de esta epístola que es todo libro? ¿Seré el destinatario correcto?

Podríamos decir que los libros son tuits escritos en el TimeLine de la historia, buscan ser leídos, obtener retuits, favs, citas, followers, ser trending topic o hash tag, pero sobretodo tejer una conversación, encontrar a quienes piensan, sienten, actúan igual. Buscan que detengamos el tiempo, que veamos lo que nos pasa, quieren que miremos distinto.
Un libro no es el único instrumento para detener el tiempo y enfrentarnos con el sentido de la vida, también lo hacen las bombas, la muerte. La pregunta es ¿dónde están los libros que cuentan la historia de quienes no estamos escuchando y gritan con bombas, asesinatos, violencia de género, maltrato infantil: ¿Por qué no se para el mundo? ¿qué no ven lo que me pasa?

Morrie tenía las herramientas para encontrar en su noticia calendarizada de muerte una última oportunidad para ser profesor y ver el lado positivo de la vida. Para quien no tiene esa posibilidad ¿quién le ayuda a vivir en un mundo de contrastes? ¿qué hace un libro por él o ella? ¿qué celebra hoy quien solo ve rayas y es incapaz de trazarlas? También ellos piden un alto y también saben contar historias. ¿Puede la lectura cambiar la realidad? Sí, es urgente que leamos, pero no sólo libros también los ojos, la boca, las acciones en nuestra comunidad.



29 mar 2013

ENSEÑAR COMO DONACIÓN



“Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción” afirma Paulo Freire,  teórico educativo de Brasil. Enseñar es abrir mundos, preguntas, corazones, manos y dejar que se construyan respuestas individuales y colectivas, pero que sean nuevas, vinculadas al contexto, la necesidad y que se realicen desde individuos felices, comunidades en confianza.

Parece una utopía y me declaro una ferviente contemplativa en la acción. Creo que los horizontes deben de visualizarse y permanecer lejos, inalcanzables, para caminar hacia ellos siempre y seguir avanzando, mejorando, creciendo; sin perder de vista la meta, que es en un ideal, pero que nos motiva a trabajar día con día por aquello que al contemplarlo nos parece perfecto.

El sistema educativo es un ideal, un horizonte que ha modificado su definición a lo largo de los siglos simplemente porque las necesidades del ser humano han cambiado.  Tal vez el objetivo similar en todas las épocas es que el individuo que pasa por un sistema educativo debe salir siendo otro. En ocasiones el perfil del egresado es una lista de cotejo que verifica el trabajo que hizo la institución. En otras simplemente se confía en que la persona haya experimentado un cambio y construya un camino con las preguntas que se le ayudaron a formular, con las técnicas que se le enseñaron y que comparta el proceso socialmente.

Se espera que las nuevas generaciones mejoren la sociedad, por algo se les ha dado todo lo que ya se aprendió, les corresponde hacer algo nuevo. ¿Cómo dar soluciones novedosas cuando lo que se enseña es prefabricado? Algunas teorías educativas parecen fórmulas industriales: si hace esto tendrá alumnos naranjas; si combina eso saldrán verdes; si además llena estos formularios saldrán rojos.  ¿Es así? ¿Si queremos nuevas respuestas, el camino es prefabricar mentes? ¿Y si dejamos que esas nuevas generaciones indaguen, pregunten, construyan? Parece inconcebible, parece que no tenemos tiempo que perder, parece que desperdiciaríamos todo lo que ha avanzado la humanidad, sin embargo, en algunos aspectos estamos atorados. Lo que ya aprendimos está ahí para estas nuevas generaciones, sólo no les digamos para qué sirve o cómo usarlo, eso ya lo hicimos y los resultados son los mismos a los anteriores, porque enseñamos respuestas no a preguntar.

Transferir conocimientos es igual a dar manuales y si sucede algo inesperado entra en acción la parálisis, la frustración, el enojo. Parece ilógico decir que hay que enseñar a improvisar, pero así debería ser en un mundo cambiante.  Ya lo dijo Molière “la improvisación es la piedra de toque del ingenio”. Improvisar es aceptar el caos y resolver con lo que se tiene, se necesita una mente ágil, capaz de interpretar variables y generar alternativas. Querer aplicar reglas fijas a un sistema dinámico es absurdo, es como querer hablar de hambre rodeado de hambrientos, se necesita acción, solución, involucramiento, compasión, empatía.

Enseñar es dejarse tocar por el otro y sus problemas, de ellos derivarán las preguntas que interesan, las respuestas que darán placer porque solucionan,  producen crecimiento, llevan a convivir y construir socialmente.

Enseñar así sucede constantemente, somos escuelas para quienes nos rodean y viceversa, mutuamente aportamos visiones, preguntas y juntos podemos tejer respuestas. Comencemos escuchando, intercambiando. No solo empieza a nombrarse a esta época como la era de la conversación por las redes sociales virtuales sino porque presencialmente también estamos entiendo que el diálogo construye, que en comunidad aprendemos más.

Hace unos días en el grupo 60 minutos por México se estableció que la consigna para el mes de abril será “60 minutos enseñando algo a alguien” La idea es compartir con alguien un saber que te apasione.  Creo que es un reto entendernos como escuelas móviles, pero al hacerlo vamos asumiendo lo que ya decía Freire: “Todos sabemos algo, todos ignoramos algo, por eso siempre aprendemos”

El mundo irá cambiando conforme las personas nos transformemos, donar tiempo para la transformación de un país, como lo propone @60MinXMex, es darnos tiempo de ser, estar, hacer con otros una acción que nos produce placer mientras resolvemos una necesidad. Sí, de nuevo el horizonte, lo contemplamos y es perfecto, accionamos y vamos rumbo a él transformándonos en escuelas ambulantes.



8 feb 2013

Cóporo


“Conócete a ti mismo” parece una consigna adolescente, pero en medio de un problema que parece destruir tu vida (al menos como la conocías hasta ese punto), esas mismas palabras tienen un sentido de construcción y alivio inigualables. Si viste morir tu mundo (padres, hijos, parejas, trabajo de tus sueños, familia…) seguramente tú también moriste. ¿Qué sigue? ¿Quién soy después de esta pérdida?
Te miras al espejo sin reconocerte, llenas días de horas zombie y esperas que el tiempo lo cure todo. No es el tiempo, eres tú y tu decisión de vivir otra vez, de ser otro tú que no imaginaste. Ante las crisis, las regiones también cambian: de colonia a país independiente, de fabricar rebozos a zapatos, ¿de los zapatos a los autos o a la industria cultural y de servicios?
Da oportunidad a lo que está enterrado, si limpias con la paciencia de un arqueólogo puede que te maravilles con la fortaleza de los cimientos que emergen, con las historias que explican tu carácter, tu gusto por lo salado, tu afición por el cielo azul y los nopales.
Otros también vieron caer sus palacios y construyeron de nuevo o tuvieron que abandonar su ciudad (la vida como la conocían) porque las circunstancias los obligaron. Frente a un conjunto de fogones, leo cuidadosamente “El uso de los espacios entre una casa prehispánica y una rural actual no son muy diferentes” estoy en la zona arqueológica El Cóporo pensando que tal vez en algunos aspectos la vida prehispánica y la actual tampoco son muy diferentes.
Recorro el Conjunto Gotas con mis hijos ¿Qué hacían las mamás para distraer a sus pequeños? ¿Qué juguetes existían? El sol, la arena y aventar pequeñas piedras de un cerro a otro, parece seguir divirtiendo a los pequeños. Desde la cima contemplo el subir de mi sombra casi exhausta, veo cómo se ríe con los niños, se toma fotos, descansa en una piedra, bajo un árbol y admiran un cielo azul inmaculado mientras bebe agua. Quienes vieron ese mismo cielo hace siglos ¿veían lo mismo que yo ahora, o era otra vegetación, otro clima, otro mundo? Desde su espacio sagrado disfruto la belleza curvilínea de una sierra moteada, la distancia hace que perciba espacios oscuros y claros sobreponiéndose continuamente, como los espacios de bonanza y tragedia en la historia de una región.
Lo sagrado para mí, también está ahí: mis hijos, nuestra vida juntos. Cada minuto con ellos me pide conocerme para poder ser la mejor versión de mí en la vida que no imaginé. Sé que me tocará ver caer sus mundos y acompañarlos en sus reconstrucciones, para ello construimos un espacio sagrado hecho con las piedras de los momentos compartidos, las horas de cuentos, los días observando la belleza de una catarina, un Millet  o una sierra del bajío. El espacio sagrado quedará enterrado por el suceder de la vida y un día quitarán el polvo, redescubrieran su historia, sus cimientos, el momento en que todas sus vidas posibles eran sólo potencia. Seguramente caerán en cuenta que de lo vivido poco imaginaron, pero encontrarán los vínculos entre su presente y ese pasado que les da cimiento y sentido a su ser.
¿Imaginaron los habitantes del Cóporo ser historia de los Guanajuatenses? ¿Imaginaron los Guanajuatenses que tenían una historia prehispánica? ¿Qué vínculos unían al Cóporo con el norte del país, cuáles tiene hoy el Bajío con el norte o el sur del país? ¿Quién era el Bajío antes de la independencia? ¿Qué otras historias tiene el Bajío y no imaginamos?
“Conócete a ti mismo” es una invitación a tejer historias, a explorar, a ser arqueólogo y encontrar las relaciones entre los distintos tiempos que nos configuran.
Mamis, vayan con sus hijos, lleven agua, bloqueador solar y algún alimento ligero para darles después del recorrido que dura dos horas y media en promedio, de cualquier forma ustedes deciden si lo hacen más corto o extenso. Una camioneta los transporta del museo a la zona arqueológica y de regreso. Casi cada media hora están llevando y trayendo pasajeros. A la entrada de la zona arqueológica hay una palapa donde puedes esperar la camioneta.
Si tus hijos son pequeños puedes irles explicando que hace mucho tiempo unas personas vivieron ahí y así era su casa. Diles que imaginen que ese era un cuarto y allá la cocina. Seguro te harán preguntas como ¿Dónde están las camas? y ¿La escuela dónde era?  Anímalos a explorar respetando las áreas restringidas de paso. Hay puntos con contenedores de agua que se usaban, según te explican, para refrescarse, por supuesto hoy tienen un letrero que indica no beber el agua. Esos son buenos espacios para descansar y mirar el paisaje, por algo, alguien antes que tú ya lo había marcado como un buen lugar. Pídele a tu hijo que escuche como sopla el viento, que vea los colores de las piedras y como algunas tienen musgo. Pueden tomar fotos de la vegetación para buscar información en casa y armar un álbum.
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1 feb 2013

MIEDO A LA PÁGINA EN BLANCO


La hoja en blanco no es un temor exclusivo de los escritores. Todos hemos tenido miedo a comenzar y cada vez culpamos de nuestros infortunios a las uvas que se atoraron durante las doce campanadas de año nuevo. Dicen, que cada año contamos con 365 páginas en blanco. Cada día tenemos por escribir 24 líneas (Ya no asusta tanto). Pero qué decir en cada hora, qué hacer para no malgastar el lenguaje y llegar a nuestro lector.
¿Qué me gustaría leer a mí? Es la pregunta con que voy resolviendo cada una de las líneas. Será irrelevante para unos, pero confío en que otros escucharán lo que su interior les ha querido decir pero carecía de palabras.
En este ejercicio de ir venciendo el miedo a lo desconocido estamos desde el día en que nacemos, cuanto necesitamos y deseamos no está más al alcance de un cordón que nos une a nuestra madre. Hay que tejer un cordón que nos una a los demás, con ellos es que podemos construir y compartir nuestras necesidades y sueños.
El lenguaje busca llevar al otro lo que construimos mentalmente, hay teóricos como Joan Costa, que aseguran que este puente de sentido entre mi interior y el exterior, entre yo y el otro, permitió una evolución social exponencial.
Hoy parece que extraer nuestras ideas y compartirlas es lo más común, basta ver Twitter, Facebook, Instragram, pero ¿Qué historias nos estamos contando? Compartir no es lanzar botellas con mensajes personales al mar como tuits al Timeline. Es conectar con el otro, encontrar objetivos comunes y distribuir las tareas, los proyectos. Es tejer cordones sociales.
Es insuficiente llenar las 24 líneas con el flujo de pensamientos del menor esfuerzo: “ya tendré otra hora, otro año”. Necesitamos conectar con los demás para que cada línea cuente una historia digna de ser recordada. Soy consciente que muchas líneas son sólo el preludio de un clímax, pero se van escribiendo con la decisión y el trabajo dirigido hacia un objetivo. Así me gusta escribir mis líneas y a ti ¿cómo te gusta tejer historias?
El miedo a la página en blanco paraliza y llena las redes sociales de quejas, chistes, postales, ciudadanía de sillón y likes. La página en blanco desaparece con el primer verbo que mata al miedo: Soy mamá de tiempo completoDoy 60 minutos a mi paíssoy pequeño gran humanoSoy Internet para todos.
El discurso social se transforma cuando modificamos las palabras, las palabras somos nosotros y hay suficientes para cubrir la página, necesitamos organizarnos para decidir la narración. El lenguaje es una evolución exponencial cuando organizados trabajamos en equipo para matar a la bestia en medio del frío. Uno proyecta la lanza más afilada, otros copian el movimiento, unos más esperan, cada uno tiene un rol, pero el objetivo es común, conseguir alimento y vestido. Hoy, las lanzas están en el aire pero el objetivo común es vago ¿Qué nos corresponde hacer? La historia que nos contamos (inseguridad, pobreza, injusticia, corrupción) no cambiará mientras no elijamos un orden de palabras distinto. La página en blanco está ahí, cada día.
Esta columna buscará escribir líneas que inviten, reflexionen y conecten. Alguien más está viendo las lanzas en el aire y mira alrededor buscando a otros con quien vencer el miedo de la página en blanco.
Twitter: @juliacuellar82