Ya madura, me dicen. No es necesario casarse para que los padres tengan obligaciones legales con sus hijos. La mujer con un hijo fuera del matrimonio también está protegida. La fiesta no importa, es sólo derroche de dinero. No te confundas, contesto, no quiero una fiesta, quiero un compromiso real, honesto. Pero ya tienes un hijo ¿qué más compromiso quieres?, me argumentan. Él tiene un compromiso con nuestro hijo, no conmigo, remato.
El compromiso de las parejas no depende de la reproducción. Tener un hijo establece un compromiso con el hijo, no con la pareja. Por eso las personas se divorcian, porque el tener hijos no es un compromiso de pareja, sino de padres y la paternidad se puede ejercer sin ser pareja, como lo demuestran los miles de padres separados que educan y aman a sus hijos.
Observo a la pareja que trata de convencerme que mi relación es un matrimonio y que yo insisto en defender que no es así. Si tan igual es la vida de pareja casada y no casada, ¿por qué ellos sí se casaron?
El matrimonio es un acto simbólico de transición que sí tiene un valor, por eso hay quienes viviendo juntos se casan. Aunque en la práctica la vida no parece cambiar, en la realidad simbólica hay una transformación.
Para mí el matrimonio sigue siendo un acto que debe realizarse entre dos personas dispuestas a crecer juntas en la honestidad, el respeto y la creatividad. Algo íntimo, que más que reglas sociales y obligaciones legales, establece códigos y sintonía en la pareja. Una promesa que enlaza corazones y consciencias permitiendo que las personas diseñen y construyan un futuro.
Estoy segura que para esa pareja que comparte un techo y tiene un hijo, el matrimonio también es algo más que los derechos y obligaciones legales, por eso se casaron y si quieren convencerme de lo contrario es porque quieren ayudar a su amigo, quien es el padre de mi hijo.
Me gustaría casarme, pero mientras las condiciones que enumero arriba no sucedan, seguiré concentrada y amorosamente enfocada a ser mamá.
29 ene 2011
23 ene 2011
Reduciendo el vacío
Cada noche me pregunto,
¿Cuándo será el momento en que
podré abrazarte por siempre?
Bajo las sábanas indago,
Si el espacio vacío se ha reducido
Si tu respiración se ha vuelto rocío
Alzo la vista y veo, un techo frío
Palpo la indiferencia, de una habitación sin sentido
Si tan sólo estuvieras aquí - exclamo-
Y me pierdo en la enajenación de una noche contigo
Intento descifrar nuestra negación al olvido
Trato de explicar nuestro rechazo al concilio
Será miedo a fracasar o a encontrar el amor en domingo
Muchas veces nos dimos por vencidos,
otras tantas cada quien siguió su camino.
Hoy nos tomamos de la mano y nos llamamos cariño,
mas la fortaleza para enfrentar un nuevo destino,
parece no arribar a un puerto con dolor construido.
Cuando acuerdo, otros dos mil besos me has entregado,
los girasoles se han marchitado,
y la luna ha completado su giro
En la mañana me pregunto
¿Cuándo será el día en que pueda por siempre abrazarte?
O será que ya lo he hecho, mas no con mis brazos de carne.
25 febrero 2002 Para quien me enseñó el significado de caminar en el amor.
¿Cuándo será el momento en que
podré abrazarte por siempre?
Bajo las sábanas indago,
Si el espacio vacío se ha reducido
Si tu respiración se ha vuelto rocío
Alzo la vista y veo, un techo frío
Palpo la indiferencia, de una habitación sin sentido
Si tan sólo estuvieras aquí - exclamo-
Y me pierdo en la enajenación de una noche contigo
Intento descifrar nuestra negación al olvido
Trato de explicar nuestro rechazo al concilio
Será miedo a fracasar o a encontrar el amor en domingo
Muchas veces nos dimos por vencidos,
otras tantas cada quien siguió su camino.
Hoy nos tomamos de la mano y nos llamamos cariño,
mas la fortaleza para enfrentar un nuevo destino,
parece no arribar a un puerto con dolor construido.
Cuando acuerdo, otros dos mil besos me has entregado,
los girasoles se han marchitado,
y la luna ha completado su giro
En la mañana me pregunto
¿Cuándo será el día en que pueda por siempre abrazarte?
O será que ya lo he hecho, mas no con mis brazos de carne.
25 febrero 2002 Para quien me enseñó el significado de caminar en el amor.
22 ene 2011
Tu ausencia duele más
Tu ausencia duele más,
cuando sé que con ella estás.
Ella, mujer de pasiones y vistosas acciones.
Tu ausencia duele más,
Cuando mi reflejo es visible en tus ojos.
Ojos, memorias grabadas en sal,
Soneto apacible del mar.
Tu ausencia duele más,
Cuando por ayuda a mi acudes.
Ayuda, negligencia banal,
Temor a aceptar la culpa.
Tu ausencia duele más,
Cuando tu índice enmarca mi rostro.
Rostro, represor visceral.
Mi rostro,
de Ella, la más grande ausencia.
5 enero 2002
cuando sé que con ella estás.
Ella, mujer de pasiones y vistosas acciones.
Tu ausencia duele más,
Cuando mi reflejo es visible en tus ojos.
Ojos, memorias grabadas en sal,
Soneto apacible del mar.
Tu ausencia duele más,
Cuando por ayuda a mi acudes.
Ayuda, negligencia banal,
Temor a aceptar la culpa.
Tu ausencia duele más,
Cuando tu índice enmarca mi rostro.
Rostro, represor visceral.
Mi rostro,
de Ella, la más grande ausencia.
5 enero 2002
20 ene 2011
BÚSQUEDA
Busqué en lo Blanco.
Busqué en lo Negro.
Y tú estabas justo en lo medio,
pero cómo saberlo.
Sí busqué en el día,
busqué en la noche.
Busqué en la risa,
busqué en el llanto.
Busqué en el ayer,
busqué en el después,
pero estabas en el atardecer.
Ya no necesito buscarte
porque tú me encontraste.
Tus manos han calmado
la sed de mi cuerpo,
y tus ojos han domado
la angustia de mi alma.
Busqué en lo Mares.
Busqué en los Cielos.
En la paz juntos estaremos.
18 febrero 2000
Busqué en lo Negro.
Y tú estabas justo en lo medio,
pero cómo saberlo.
Sí busqué en el día,
busqué en la noche.
Busqué en la risa,
busqué en el llanto.
Busqué en el ayer,
busqué en el después,
pero estabas en el atardecer.
Ya no necesito buscarte
porque tú me encontraste.
Tus manos han calmado
la sed de mi cuerpo,
y tus ojos han domado
la angustia de mi alma.
Busqué en lo Mares.
Busqué en los Cielos.
En la paz juntos estaremos.
18 febrero 2000
19 ene 2011
A Book’s love
I don’t want love
If isn’t in books
I know that kind of love exists
‘cause I had it and lost it
How did I know it was love?
It was simple,
I couldn’t breathe without saying his name
I couldn’t eat without having his taste
I couldn’t see without looking for him
I know it was love
‘cause I couldn’t think
about anything else that wasn’t us
25-marzo-2002
If isn’t in books
I know that kind of love exists
‘cause I had it and lost it
How did I know it was love?
It was simple,
I couldn’t breathe without saying his name
I couldn’t eat without having his taste
I couldn’t see without looking for him
I know it was love
‘cause I couldn’t think
about anything else that wasn’t us
25-marzo-2002
2 ene 2011
El adiós en el amor
Hay vidas que se tocan para siempre. ¿Almas gemelas? quizá. Abrí la caja de los recuerdos, una carta escrita hace seis años me estaba esperando. Ahí deposité mis deseos a futuro y era momento de verificar qué tanto había logrado. Casi todo sucedió, pero la melancolía de esa mujer que era yo hace cinco años me estremeció.
La carta no estaba dirigida a mí, sino a un gran amor. Era una despedida y enumeraba como promesa lo que yo debía lograr cinco años después de ese adiós. Al final sólo deseaba que nuestras vidas corrieran paralelas,como los rieles del ferrocarril que de tanto en tanto se tocan por un durmiente. Sino habríamos de estar juntos, al menos deseaba que de tanto en tanto nos encontráramos en una carta, una plática de terceros, una canción.
Hoy sé que cuando escribí esa carta no estaba lista para decir adiós. Nunca estamos listos, vivimos de la esperanza y depositamos en la muerte el gran momento del reencuentro. Decir adiós a quienes amamos es lo más difícil de vivir. Hay recuerdos que encadenan, que paralizan, que consumen, que nos congelan en el dolor. En momentos así, aceptar el adiós nos parece una negación del amor que estamos perdiendo. Preferimos lacerarnos con un ¿por qué a mí? ¿por qué ahora? como si esto ratificara el valor supremo de ese amor.
Ni ratifica, ni perdemos. La autoflagelación no hace que las personas regresen, ni detiene el tiempo segundos antes del adiós. Lo que hace es impedir que vivamos con los beneficios de ese gran amor. El amor verdadero te confronta, te hace reír y llorar, te ayuda a crecer, te da paz y es el arco que te impulsa al futuro. No existe el adiós en el amor. Esas separaciones de quienes se aman son laberintos de espejos que confunden, que asustan, la salida está ahí, hay que explorar para encontrarla. Pasa lo mismo con las personas, su esencia permanece, hay que movernos del dolor de la separación para descubrir que siempre nos acompañarán. Lo que somos, lo que soñamos, lo que planemos lleva su devoción, sus consejos, es la síntesis de los diálogos que nos construyeron a ambos.
Con el tiempo y otros amores, uno aprende que hay personas esenciales, que sin ellas no seríamos lo que somos. Cerré la caja de los recuerdos, esa carta melancólica debía seguir ahí, yo era otra, había cruzado el dolor y entendía que ese amor se manifestaba cada día porque era parte de mi ser.
La muerte tal vez es el reencuentro de los cuerpos, pero la vida es el durmiente que constantemente nos une con quien amamos.
La carta no estaba dirigida a mí, sino a un gran amor. Era una despedida y enumeraba como promesa lo que yo debía lograr cinco años después de ese adiós. Al final sólo deseaba que nuestras vidas corrieran paralelas,como los rieles del ferrocarril que de tanto en tanto se tocan por un durmiente. Sino habríamos de estar juntos, al menos deseaba que de tanto en tanto nos encontráramos en una carta, una plática de terceros, una canción.
Hoy sé que cuando escribí esa carta no estaba lista para decir adiós. Nunca estamos listos, vivimos de la esperanza y depositamos en la muerte el gran momento del reencuentro. Decir adiós a quienes amamos es lo más difícil de vivir. Hay recuerdos que encadenan, que paralizan, que consumen, que nos congelan en el dolor. En momentos así, aceptar el adiós nos parece una negación del amor que estamos perdiendo. Preferimos lacerarnos con un ¿por qué a mí? ¿por qué ahora? como si esto ratificara el valor supremo de ese amor.
Ni ratifica, ni perdemos. La autoflagelación no hace que las personas regresen, ni detiene el tiempo segundos antes del adiós. Lo que hace es impedir que vivamos con los beneficios de ese gran amor. El amor verdadero te confronta, te hace reír y llorar, te ayuda a crecer, te da paz y es el arco que te impulsa al futuro. No existe el adiós en el amor. Esas separaciones de quienes se aman son laberintos de espejos que confunden, que asustan, la salida está ahí, hay que explorar para encontrarla. Pasa lo mismo con las personas, su esencia permanece, hay que movernos del dolor de la separación para descubrir que siempre nos acompañarán. Lo que somos, lo que soñamos, lo que planemos lleva su devoción, sus consejos, es la síntesis de los diálogos que nos construyeron a ambos.
Con el tiempo y otros amores, uno aprende que hay personas esenciales, que sin ellas no seríamos lo que somos. Cerré la caja de los recuerdos, esa carta melancólica debía seguir ahí, yo era otra, había cruzado el dolor y entendía que ese amor se manifestaba cada día porque era parte de mi ser.
La muerte tal vez es el reencuentro de los cuerpos, pero la vida es el durmiente que constantemente nos une con quien amamos.
21 dic 2010
Miedo a equivocarnos
La vida no se contruye día a día, sino con las decisiones que tomamos en segundos, un sí, un no, un segundo de retraso o un silencio la cambian para siempre. El resto es rutina derivada de esos segundos en que decidimos. Pocas veces somos conscientes de las emociones y razonamientos que nos llevan a decidir, mucho de lo que hemos decidido con las entrañas es lo verdaderamente fundacional de la vida. El mayor defecto de la juventud es no tener perspectiva. Conforme creces y eres consciente del tiempo, del poder de las decisiones, de las infinitas variables de una decisión es cuando solemos preguntas que hubiera pasado sí...En juegos imaginarios vemos nuestras otras vidas posibles y cuestionamos las decisiones que en su momento nos parecían incuestionables. Entonces es cuando decimos,de haber sabido. Culpamos a la falta de perspectiva y de visualización de la información completa el que hayamos decido algo en lugar de aquello que en el imaginario parece ahora la opción perfecta.
Este juego imaginario es inacabable. En esa opción perfecta hay nuevas decisiones y seguro alguna sería causante del término de la perfección, entonces pensamos que lo decidido desde el principio no estuvo tan mal, de haber llegado a esa otra disyuntiva nos hubiéramos quedado sin lo primero y sin lo perfecto y entonces sí qué error tan abrumador.
La incertidumbre es la base de la vida. No importa si hacemos estos juegos mentanles en fracciones de segundos previos a nuestras decisiones, siempre podremos imaginar otra vida posible a futuro cambiando la decisión de ese momento. Nunca podremos proyectar la mejor decisión simplemente porque la vida no es un juego de estrategia sino de azar y si Dios no juega a los dados, nosotros tenemos que hacerlo porque a diferencia de él no tenemos la historia completa, ni conocemos las piezas del juego. En esos segundos de decisión, más que información hay que tener la capacidad de imaginar con los elementos presentes y creer que estamos optando por la mejor vida posible.
Nadie quiere cargar con el que hubiera pasado y el haber sabido, pero es un juego mental que nos confronta y evita que perdamos la meta. Si lo estamos pensando es porque hay algo que imaginamos en nuestra decisión que no se ha cumplido, hay un pendiente. Intentamos con estos juegos ubicar el tiempo-espacio donde estuvo el error, el desvío, la mala decisión, lo hacemos pensando que cambiando esa parte ese pendiente no existiría. Ubicamos el tiempo-espacio y con gran ilusión imaginamos esa otra vida posible, pero entonces encontramos pendientes que ya están resueltos en la vida que estamos poniendo en duda. Justo ahí es cuando focalizamos el pendiente, lo nombramos y nos preguntamos cómo lo resolvemos. Es momento de volver a decidir, de usar la información, de imaginar, de en segundos tomar una nueva dirección y cambiar nuestra vida.
De nuevo el principio y una ruleta de vidas posibles, la duda, el insaciable deseo de algo más. Tal vez la perfección sólo llega con la muerte, no hay más vidas posibles, fue, se eligió y se vivió. La meta era ilusoria, lo único cierto en todas las vidas posibles era la muerte. Esa pieza la conocemos, desconocemos su aparición pero cuando nos toca cerca, ejercitamos la imaginación y nombramos pendientes, no vaya a ser que el fin nos encuentre insatisfechos.
La vida nueva también nos confronta, quién fuera él o ella para volver a empezar, pensamos, pero de ser así estaríamos otra vez sin perspectiva, sin experiencia, sin imaginación. La imaginación no es otra cosa que mucha información disponible para usar libremente y voluntad para ordenarla.
Decidir es vivir, pocos segundos y la vida es una, el resto es rutina derivada que impide que la muerte nos paralice y nos encuentre llorando insatisfechos porque teníamos miedo a equivocarnos.
Este juego imaginario es inacabable. En esa opción perfecta hay nuevas decisiones y seguro alguna sería causante del término de la perfección, entonces pensamos que lo decidido desde el principio no estuvo tan mal, de haber llegado a esa otra disyuntiva nos hubiéramos quedado sin lo primero y sin lo perfecto y entonces sí qué error tan abrumador.
La incertidumbre es la base de la vida. No importa si hacemos estos juegos mentanles en fracciones de segundos previos a nuestras decisiones, siempre podremos imaginar otra vida posible a futuro cambiando la decisión de ese momento. Nunca podremos proyectar la mejor decisión simplemente porque la vida no es un juego de estrategia sino de azar y si Dios no juega a los dados, nosotros tenemos que hacerlo porque a diferencia de él no tenemos la historia completa, ni conocemos las piezas del juego. En esos segundos de decisión, más que información hay que tener la capacidad de imaginar con los elementos presentes y creer que estamos optando por la mejor vida posible.
Nadie quiere cargar con el que hubiera pasado y el haber sabido, pero es un juego mental que nos confronta y evita que perdamos la meta. Si lo estamos pensando es porque hay algo que imaginamos en nuestra decisión que no se ha cumplido, hay un pendiente. Intentamos con estos juegos ubicar el tiempo-espacio donde estuvo el error, el desvío, la mala decisión, lo hacemos pensando que cambiando esa parte ese pendiente no existiría. Ubicamos el tiempo-espacio y con gran ilusión imaginamos esa otra vida posible, pero entonces encontramos pendientes que ya están resueltos en la vida que estamos poniendo en duda. Justo ahí es cuando focalizamos el pendiente, lo nombramos y nos preguntamos cómo lo resolvemos. Es momento de volver a decidir, de usar la información, de imaginar, de en segundos tomar una nueva dirección y cambiar nuestra vida.
De nuevo el principio y una ruleta de vidas posibles, la duda, el insaciable deseo de algo más. Tal vez la perfección sólo llega con la muerte, no hay más vidas posibles, fue, se eligió y se vivió. La meta era ilusoria, lo único cierto en todas las vidas posibles era la muerte. Esa pieza la conocemos, desconocemos su aparición pero cuando nos toca cerca, ejercitamos la imaginación y nombramos pendientes, no vaya a ser que el fin nos encuentre insatisfechos.
La vida nueva también nos confronta, quién fuera él o ella para volver a empezar, pensamos, pero de ser así estaríamos otra vez sin perspectiva, sin experiencia, sin imaginación. La imaginación no es otra cosa que mucha información disponible para usar libremente y voluntad para ordenarla.
Decidir es vivir, pocos segundos y la vida es una, el resto es rutina derivada que impide que la muerte nos paralice y nos encuentre llorando insatisfechos porque teníamos miedo a equivocarnos.
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